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domingo, 23 de junio de 2019

JURISPRUDENCIA FRANCESA

Jon Galtzagorri suele contar sus batallitas agarrado a veces a un gintónic para no caer al suelo.
- « Qu’un juge soit con est inévitable, qu’un con soit juge est une catastrophe », me dijo un colega francés hace unos años, a la salida de una vista en una ciudad del Suroeste francés. Y tomando copas por Donostia se lo traduje a un magistrado de la audiencia por « Que un juez sea gilipollas es inevitable, que un gilipollas sea juez es una catástrofe », después que él me dijo que, compartiendo sala con cierto juez bien conocido por sus gilipolleces en nuestra ciudad, se veía obligado a estar siempre atento para no firmar sentencias que contenían alguna de las perlas del sujeto. Le debió de hacer gracia la frase, porque de vez en cuando me llegan ecos que, ahora en altos destinos del poder divino e infalible de Madrid, la suelta de vez en cuando, unas veces en su francés, otras veces en español.
- Eso me lo has contado ya, pero era una jueza a la que se lo traducías - le contesta su joven colega "El negrito"-, mientras desayunabais "post coitum".
- Nunca te he hablado de mis relaciones íntimas con señoras, nunca lo he hecho - se enfada siempre Galtzagorri cuando se le toca el tema -. No es mi estilo.
- Cierto es, nunca has dicho nombres, pero por un lado fuentes fidedignas te han relacionado un par de veces con solitarias damas de puñetas que ahora andan por la villa y corte - Negrito sabe la rutina aduladora para el viejo crápula-, y por otra parte cambias el sexo de tu juez oyente en función de los gintónics en que hayas hecho inmersión la noche en que me das la brasa.
- Bueno, bueno, sabes perfectamente que lo que quiero decir es que el sistema de selección y promoción de la carrera judicial es una verdadera aberración, que así es un milagro que haya jueces en la judicatura, porque algunos hay que son jueces, que es un fenómeno inexplicable que buenas personas y buenos profesionales consigan llegar a ocupar los estrados a pesar de que el sistema está pensado para que solo exista una república de los necios en esa función pública...
Y así se puede tirar hasta que la madrugada le haga salir a la calle y, tras abrir la puerta, cerrar el establecimiento. Hace tiempo que el patrón le hizo un duplicado de la llave para que apague la luz del local al salir. 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

JOHNNY HALLYDAY

JOHNNY HALLYDAY
En aquella Donostia de shirimiri permanente, durante el estado de excepción verdadero y eterno, cuando el acné nos anunciaba que las reprimidas hormonas querían llevarnos a la normalidad de nuestra generación y las vecinas rellenaban con bolas de papel sus sostenes de uniformes de monja, desde la tienda de discos de Hendaya traíamos los microsurcos a 45 rpm para los guateques del domingo y el twist hacía funciones de calentamiento para los slows en que podíamos olfatearnos nuestras mutuas frustraciones. Luego Salut les Copains nos empezó a traer las letras que musitábamos traducidas a los oídos de aquellas musas que nos visitaban en verano, incluso llegó a actuar en una Gala de los lunes del tenis, los posters con chinchetas en las paredes para desesperación de nuestras madres nos incitaban a prohibidas imitaciones y nos fuimos haciendo mayores y él estaba allí, sudando como siempre, sacando éxitos de sus transformaciones sucesivas, referencia francesa de nuestra educación, placeres nostálgicos de la radio del coche, sus películas no eran tan malas, para nosotros, como decían los críticos.
Johnny ha muerto y una era ha muerto: Let’s twist again!!!


domingo, 8 de octubre de 2017

LA JAURÍA HUMANA


- Cuando veo masas de gente por las calles de las ciudades con sus símbolos, sus banderas, sus silencios o sus gritos de rimas ripiosas, sus convicciones proclamadas, la imposición de lo que sea que sientan a los demás por el número, por su presencia imponente, me da igual que los organizadores digan que son un millón y luego la lógica los reduzca a diez mil, son masas y son más que yo, así que me dan miedo -Xavier Saint Barthélemy nos sirve, mientras habla con su frialdad de cirujano, otra copa de vino blanco frío, un Château Guiraud creo-, me resulta imposible distinguir el “pueblo en marcha” de la “jauría humana”.
- Una gran película, por cierto, injustamente olvidada -alguien intenta cambiar la conversación, de Catalogne hasta la coronilla estos días, supongo-, a pesar de las interpretaciones insuperables de Marlon Brando y Robert Redford…
- Eso es, la hipocresía, los prejuicios, la corrupción… como en la película – Saint Barthélemy nos lleva varias rondas de ventaja esta noche y no se da por vencido-, pueden manipular a las masas para justificar lo injustificable, para infringir las leyes de la convivencia, para hacer justicia sin proceso alguno y con sentencia inapelable.
- Las imágenes actuales de linchamientos de ladrones o de brujas o de quien pasaba por allí en algunas barriadas pobres de Latinoamérica -añado yo resignado, degustando el excelente caldo de Burdeos-, me revuelven las tripas de abogado que aún me quedan.
- Los golpistas, los terroristas, los políticos más corruptos…, como bien padecéis en España, -inevitablemente algunos franceses exportan hacia el sur todas las pajas malas sin ver vigas en ojos propios-, manda por delante a las masas o arrastran detrás de ellos a las masas como sacrosanto fundamento de sus delitos: el clamor del pueblo, el pueblo lo quiere, ahora nos hemos ganado el derecho a proclamar la independencia…


- Saint Barthélemy, Saint Barthélemy… que también hemos visto muchas masas por las calles de Paris pidiendo una cosa hoy y la contraria mañana, no sé si la misma masa – un contertulio intenta reaccionar un poco-, porque todos los franceses os parecéis mucho, pero a mí también me han dado miedo.

viernes, 25 de agosto de 2017

PETIT CADEAU, REBANADA DE VERANO

- ¿Mala cara? ¿Mala cara, yo? En cuanto vi la cotorra me tenía que haber ido pero no me fui. No soporto los bichos en una casa pero cuando uno está caliente, muy caliente, ni te importa una cotorra, ni un camaleón, porque también había, en una especie de pecera, un camaleón… Es que tuvimos un torneo de rugby de ésos de veteranos en un pueblo o barrio por Burdeos. Y ya sabes lo del tercer tiempo, como hacía tiempo que no hacía una escapada, prolongué un poco el tercer tiempo con un par de tipos de nuestro equipo y un francés de la zona que se nos había apuntado. Así que para el cuarto o quinto
tiempo nuestro guía nos llevó al único establecimiento abierto a aquellas horas, una especie de discoteca para desesperados. Allí todos empezaron a hacer el gorila en la pista y yo me encontré con una chica en la barra, un estilo Naomí Campbell en más joven y en más pequeño, así que le recité el trozo del Cid de Corneille que me sé desde niño a la Paqui -le entendí que se llamaba Paqui, pero vete tú a saber-, y le invité a tomar una copa, estuvimos un rato charlando y luego pusieron unas piezas con un ritmo más apetecible y estuvimos bailando. Yo bailo mejor que Ryan Gosling, sobre todo con combustible en el torrente sanguíneo. Y en una de ésas me dice que vive por allí cerca y que si quiero ir con ella a su apartamento. Eso no me había pasado en los últimos 20 años por lo menos, desde… bueno, ésa es otra historia que no voy a contar ahora. Así que nos fuimos a su apartamento, que era más bien una habitación con cotorra, camaleón y una cama, no me fijé mucho en la decoración pero no debía estar mal. Ella y yo a lo nuestro, tomando posiciones en el lecho mientras que la cotorra ponía banda sonora en varias lenguas como si fuera un película pornográfica en una academia de idiomas. No conseguimos romper el colchón por muy poco y me quedé dormido por agotamiento. Cuando me sonó la alarma interior de que iba a perder el autobús del equipo para volver a Donostia, me levanté, busqué una ducha y una toalla con las que borrar las secuelas olfativas de la noche y me vestí para salir corriendo. Entonces Paqui, o como se llame, se puso en pie, como dios no la trajo al mundo, y me enlazó con sus brazos, su cuerpo caliente contra el mío -Priapo a punto de reventar la bragueta-, mientras me susurraba tiernamente al oído: Et mon p’tit cadeau? O sea ¿Mi regalito? Y la cotorra repitiéndolo, despatarrándose y desalándose de risa: Mon petit cadeau, mon petit cadeau, mon petit… El camaleón me miraba sardónico en silencio. Con 200 euros menos en la cartera, corriendo por aquellas avenidas, que parecían Nairobi al amanecer o así, a buscar un taxi, los taxis cogen tarjetas de crédito, en Nairobi no sé pero en Burdeos sí. He llegado al autobús por los pelos y me he hecho el dormido todo lo que he podido durante el viaje. No sabes qué pitorreo. Y lo primero, me he dicho, a donde el boticario del barrio a hacerme el test ése, el del anticuerpo o como se llame ¿Mala cara, yo? La tuya, boticario de las narices, que pareces un camaleón o un cotorra o yo qué sé.