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miércoles, 4 de marzo de 2020

VIDAS PARALELAS

Ayer leí un resumen de las descripciones que distintas mujeres han realizado de la conducta que R. Polansky tuvo con ellas cuando eran menores de edad y me han recordado a las historias que en su momento leí de D. Hamilton cuando salió un libro de memorias de una mujer que había sido modelo de sus fotografías cuando era menor de edad. Creo que el año pasado salió en prensa algo de una actuación de un fotógrafo aragonés que también fue acusado de conductas análogas con mujeres menores. Y tenemos muy cerca el caso de K. Cabezudo, caso del que se han filtrado relatos de mujeres que acudieron a sus servicios cuando eran menores y que ahora le acusan de conductas sexuales delictivas.
Según parece, el llamado trastorno pedófilo se caracteriza por la presencia de fantasías, impulsos o comportamientos sexualmente excitantes recurrentes e intensos relacionados con las y los menores de edad, lo que consideramos niños, sin embargo las mujeres menores de edad, denunciantes de estos referidos fotógrafos eran ya adolescentes, de edades en que la ley, la tradición y la religión ya las considera por lo general aptas para contraer matrimonio, esto es, para tener relaciones sexuales legítimas en una relación institucionalizada. El impulso sexual de adultos hacia jovencitas no se suele entender como un trastorno mental sino como una especie de fetichismo tolerado, incluso envidiado cuando “triunfa”, por la sociedad que rodea al varón pero cuando el sujeto activo es una mujer adulta que logra tener relación con un adolescente masculino es socialmente condenado.
¿Es es el arte de la fotografía un coto de caza ideal para depredadores de jovencitas? Parece que sí, adolescentes en busca de ascenso social o de oportunidades laborales, tanto si están siendo animadas por su familia como si están en plena rebeldía juvenil contra la familia, iniciando el camino de su vida sexual en todo caso, dispuestas a tropezar en la misma piedra cuantas veces  sus hormonas aceleradas se lo pidan, son presas muy fáciles para el cazador que ha dispuesto su trampa en un entorno de exaltación de la belleza física donde el photobook y la fotografía de arte son corrientes. Por eso todos estos relatos son aburridamente repetitivos para quienes no los han padecido personalmente, a la vez que tremendamente punitivos para esas víctimas que los han guardado en su alma como un castigo merecido por su ingenuidad idiota o por su rebeldía equivocada o por cualquier otro impulso juvenil que le llevó a aquella primera sesión, pocas veces única.
La impunidad sigue siendo la regla general, el mundo de los adultos tiene amnesia de su propia pasado por la adolescencia que siempre modifica a su conveniencia, así que el fotógrafo no pasa de ser un “viejo verde” al que se le ponían “a huevo” aquellas “pedorrillas” y que hizo lo que cualquier hombre hubiera hecho en las mismas circunstancias. Rara vez los asuntos llegan a la condena social, sobre todo si el fotógrafo es además bueno en su profesión, y menos veces aún llegan a la condena judicial del que preparó las circunstancias para que la pedorrilla se pusiera a huevo de su deseo de viejo verde.
Sigo creyendo, sin embargo, que algo está cambiando y que el amparo social de estos cazadores se está resquebrajando y que quizá las víctimas que han callado hasta ahora – entiendo sus motivos personales para ese silencio hasta hoy -, están dejando pasar su última oportunidad para liberar su alma de un castigo que jamás merecieron y para pasar ese castigo, traducido en condena social o judicial, a quien sí verdaderamente se lo merece.

martes, 22 de octubre de 2019

MI NOMBRE VINCULADO A ODÓN ELORZA


Ante todo, el nombre del Sr. Odón Elorza como partícipe en las conductas que el Sr. Cabezudo ha tenido con diversas mujeres nunca ha sido pronunciado por la persona que me relató tales conductas hace ya más de 14 años, esta persona falleció en 2008.

Por tanto, soy testigo de referencia de unos hechos sin que la persona que me los refirió pueda ratificar o negar mis manifestaciones.

Mi intervención en un documental sobre el Sr. Cabezudo, documental que no ha sido difundido, se atuvo a lo anterior, así que el nombre del Sr. Odón Elorza como partícipe en las conductas que el Sr. Cabezudo ha tenido con diversas mujeres tampoco y nunca ha sido referido por mí.

jueves, 11 de julio de 2019

LOS DELITOS DE CAPTACIÓN DE MENORES PARA PORNOGRAFÍA


La actuación de un conocido fotógrafo donostiarra ha vuelto a saltar a los medios, lo que nos lleva a algunas reflexiones sobre los hechos que se le imputan en las noticias como reflejo de la resolución judicial que ha puesto fin a una lenta instrucción judicial, no exenta de polémicas.

Sin ánimo de ser exhaustivos por ahora, echamos de menos algunos elementos en la noticia, quizá porque se ha resumido el Auto del Juez de Instrucción.

Fundamentalmente que se reduce la acusación a una sola persona, el que está en prisión, cuando la lógica humana nos indica que estos hechos sucedidos con tantas víctimas y durante tanto tiempo requieren siempre de la cooperación necesaria de más personas o, al menos, de su complicidad, y de la existencia de proveedores y clientes, sino de coautores o partícipes activos en los hechos revelados por la instrucción.

Centrándonos en lo que ha trascendido, el delito, continuado o no, de captación de una menor de edad, para elaborar material pornográfico, cualquiera que sea su soporte, tipificado en el artículo 189-1-a) del Código Penal vigente y en el artículo 189-2º-a) de dicho Código, donde se establece un subtipo agravado cuando se utilizare a menores de 16 años. Cuando es en forma continuada por aplicación del artículo 74 de dicho Código ; la consecuencia es que la pena a imponer en vez de ser de uno a cinco años de prisión es de cinco a nueve años de prisión. Este delito se comete por quien captare o utilizare a menores de edad o a personas con discapacidad necesitadas de especial protección con fines o en espectáculos exhibicionistas o pornográficos, tanto públicos como privados, o para elaborar cualquier clase de material pornográfico, cualquiera que sea su soporte, o financiare cualquiera de estas actividades o se lucrare con ellas. Los hechos al parecer cometidos por el pornógrafo donostiarra, lo fueron en la forma continuada establecida en el artículo 74 del Código Penal vigente, pues se habla de múltiples las gestiones efectuadas por el acusado con cada una de las menores para convencerlas y captarlas para sus fines pornográficos.

Quizá también se nos ha escapado pero parece deducirse de los hechos que se refieren la posible existencia de un delito continuado de acoso sexual, tipificado en el artículo 183-ter del Código Penal vigente, en relación con el artículo 74 de dicho texto legal pues parece que se contactó reiteradamente con menores de dieciséis años para cometer delitos tipificados en el artículo 188-1º y 2º del Código Penal (Actos de carácter sexual con menor de 16 años, con o sin acceso carnal por vía anal, vagina o bucal o introducción de miembro corporal u objeto por vía vaginal o anal) o bien para cometer cualquier delito tipificado en el artículo 189 del citado Código (captación o utilización de menores de edad con fines exhibicionistas o pornográficos o para elaborar cualquier clase de
material pornográfico, cualquiera que sea su soporte).

Temo que habrá que volver a comentar el tema y enmarcarlo en el escenario de la prestigiosa bahía del balneario donostiarra.


lunes, 29 de abril de 2019

EL DIPUTADO Y SU AFORAMIENTO EN LA DOCTRINA DEL TRIBUNAL SUPREMO


Las recientes elecciones han llevado a comentarios públicos sobre la posibilidad de que algunas personas electas hayan alcanzado su puesto con el objetivo de revestirse del escudo protector del aforamiento y no con el objetivo de representar a sus electores en la construcción del bien común. Por eso, he recogido algunas ideas sobre el aforamiento del Diputado (Aplicables también al Senador) que se recogen en resoluciones del Tribunal Supremo.
El fundamento de inmunidad parlamentaria no es otro que el tratar de evitar que por medio de la vía penal pueda perturbarse el funcionamiento de las Cámaras legislativas, en cualquier caso, la inmunidad parlamentaria, como privilegio procesal que es, habrá de ser interpretada y aplicada con carácter taxativo y restrictivo, como ha declarado reiteradamente el Tribunal Supremo (véanse autos de 24 de marzo de 1983, 8 de julio de 1986, 12 y 27 de julio de 1993, entre otros).
La condición de aforados, con las consiguientes prerrogativas procesales, se reconoce a los Diputados y Senadores "durante el periodo de su mandato" (véanse art. 71.2 Constitución Española, art. 11 del Reglamento del Congreso de los Diputados y art. 22.1 del Reglamento del Senado), "aun cuando solo tengan el carácter de electos" (art. 1 de la Ley de 9 de febrero de 1.912). Por esta cualidad de aforado, el representante goza de los prerrogativas de inviolabilidad, inmunidad y aforamiento especial.
Por lo que el aforado debe quedar al margen de cualquier injerencia en sus derechos fundamentales y de cualquier medida cautelar. La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo tiene reiteradamente establecido (por todos, AATS de 18.02.2015 y 05.07.2013 ), que las normas que atribuyen a la propia Sala del TS la competencia para el conocimiento de los hechos delictivos imputados a Diputados y Senadores (arts. 71.3 CE y 57.1.2 LOPJ ), tienen carácter excepcional, en la medida en que encierran una derogación singular de las reglas ordinarias de competencia objetiva y funcional, que imponen al Juez Instructor el deber de investigar todo lo relativo al hecho delictivo imputado, en especial lo concerniente a la individualización de las personas responsables de los delitos que pudieran haberse cometido.
Este carácter excepcional mencionado justifica el que el TS venga exigiendo cuando se imputan actuaciones criminales a un grupo de personas y alguna de ellas tiene el carácter de aforado, no solo que se individualice la conducta concreta que respecto a ese aforado pudiera ser constitutiva de delito, sino también que haya algún indicio o principio de prueba que pudiera servir de apoyo a tal imputación (ATS 05.05.2015 ).
En relación con el nivel que han de tener estos indicios, la STS 277/2015, de 03.06, establece que "la jurisprudencia ha evolucionado hacia un nivel de indicios cualificado. Se opta por un criterio restrictivo a la hora de aceptar la competencia por implicación de un aforado especialmente cuando se trata de causas seguidas también contra no aforados. No se fija la competencia de la Sala Segunda más que cuando se comprueba que existen indicios sólidos de responsabilidad frente a un aforado. No basta cualquier sospecha o conjetura. No son suficientes las posibilidades, más o menos cercanas, o las alusiones indirectas". Es necesario, como indica aludiendo a otras resoluciones, que existan indicios "fundados y serios", una imputación "clara y concreta", o "apoyo probatorio".
Todo ello requiere que en la instrucción misma se impute a la persona aforada de modo inequívoco y directo la comisión o implicación en un hecho o hechos concretos y determinados, individualizados y objetivamente constatables, con un mínimo de verosimilitud o solidez, de los que pueda desprenderse la existencia de una concreta imputación fáctica contra dicha persona aforada y que aparentemente, "prima facie", pudieran presentar caracteres de poder ser constitutivos de delito.
El nivel de profundidad exigido en esa instrucción también viene determinado por el contenido que ha de tener la exposición razonada del Juez de Instrucción que ha de elevarse a la Sala Segunda con la inhibición « intuitu personae », en la que no basta con la constatación puramente nominal de que un determinado hecho delictivo ha sido atribuido a un aforado: "resulta indispensable que el Juez instructor que pretende declinar su propia competencia, exponga las razones que determinarían la
incoación por el Tribunal Supremo del procedimiento especial contemplado en los arts. 750 a 756 LECrim ", que han de ser lo suficientemente exhaustivas como para delimitar -con toda la provisionalidad que es propia de un momento procesal como el de la fase de instrucción en nuestro sistema procesal- el alcance objetivo y subjetivo de los hechos, y que precise los indicios o principios de prueba que pudieran servir de apoyo a tal imputación, indicios "fundados y serios" que permitan establecer una imputación cuya probabilidad sea "más exigente".
Para ello deben depurarse en el Juzgado de Instrucción de origen cuantas diligencias sean precisas para completar la investigación de los hechos y así constatar suficientemente los hechos que son la base de las presuntas infracciones penales, al efecto no solo de acreditar los mismos, sino también el grado de participación que en ellos hubiera podido tener la persona aforada.
El desarrollo de la instrucción pasará incluso por recibir declaración a la persona aforada, al amparo del art. 118 bis LECrim , si voluntariamente se presta a ello, todo ello a los efectos de posibilitar "una más fundada decisión, no ya sobre la racionalidad de los indicios de existencia de infracción penal, sino de los que pueda haber de participación en ella del aforado" ( STS 180/1990, de 15.11 ; y AATS 26.01 y 24.04.1998 ; 01.04.1999 ; 08.01.2004 ; 18.04.2012 ; 9984/2012, de 02.10 ; 20487/2012 , de 03.12).
Precisamente en evitación de que se practicase una instrucción sin intervención de las personas aforadas hasta el final, una vez remitida la causa al tribunal de aforamiento, se introdujo el artículo 118 bis LECrim, extendiendo los efectos del artículo 118 lECrim en cuanto al derecho de defensa y acceso al proceso, personándose en la causa del Juzgado," ... sin perjuicio de lo previsto en el artículo 71.2 y 3 de la Constitución española ", esto es, sin merma del privilegio del aforamiento. Como dice la Exposición de Motivos de la LO 7/2002, introductora de este precepto, "se establecería también expresamente la facultad de asumir la condición de parte, tomar conocimiento de todas las actuaciones y obtener copia de dicha denuncia o querella, en su caso; declarar voluntariamente ante el Juez, aportar documentos, proponer pruebas y participar en las diligencias probatorias »
En resumen : creo que no hay inconveniente para formular acusaciones penales en el foro común del Diputado y para practicar las diligencias de investigación precisas, incluso para solicitar que preste declaración ante el Juez de Instrucción natural y, si el investigado se acoge a su aforamiento entonces, será el momento de elevar la causa para que culmine la instrucción en el Supremo.



miércoles, 23 de enero de 2019

TRIBUNA NORTE

“Una persona me recuerda que me contó una historia personal para que yo la incluyera en una novela, novela que nunca he escrito y que puede que nunca escriba. Con su permiso, recojo lo que me dijo en un pequeño texto de ficción”


En Donostia se pueden tener unos ingresos dignos como abogada ejerciente, más de treinta años de edad, novio estable… y vivir en casa de tu madre, o compartir gastos con una compañera de piso que percibe una pensión laboral y una pensión compensatoria de un ex-marido y que además te parió hace unos años. Es mi caso. Y también es el caso de mi novio recién nombrado, nuestra convivencia es de fines de semana, en su casa o en la mía, que mi madre no se escandaliza por ello, ni yo tampoco cuando se trae a alguno de sus compañeros de baile en el Costa Vasca a agonizar gloriosamente en su cama -lo de llamar al 112 no es broma -, así que perspectivas de futuro en común hay, quizá una convivencia próxima como ya lo hice en su momento con otro novio anterior, pero no hay prisa, no estamos obsesionados.
Tampoco somos novios de los que necesitan estar todos los días juntos ni pasarnos mensajes a cada rato, babosidades las justas y después del segundo gin-tónic los viernes a la noche. Todos y todas tenemos derecho a nuestro orgasmo semanal al menos, aunque ya me gustaría que se esforzase un poco más siempre y no solo cuando la Real Sociedad gana. Además a mi novio le gusta mucho el monte y a mí también me gustan las excursiones montañeras. Una subida dominguera al Txindoki cada año o así ya me cubre la dosis de afición. Una vez, vacaciones de verano, me llevó a un refugio de los Pirineos y me juré nunca más volver a pasar una noche de suplicio como aquélla, aunque fuera para hollar una cumbre perdida a más de 3.000 metros de altura, en las fotos quedé muy bien pero con ojeras.
Lo que voy a contar pasó un puente, un puente en que mi novio y sus amigos se fueron de monte, a hacer una ruta nevada e irresistible por uno de esos paisajes que quedan tan bonitos como fondos de pantalla en el ordenador del despacho. Yo me resigné a quedarme sola en la ciudad, alguna amiga o conocida me dijo que ella también se quedaba, así que si, después de preparar un recurso que se me retrasaba y que vencía a la vuelta del puente, me apetecía salir, siempre podía pasar una noche de “chicas malas solas” en alguno de los dos antros con que cuenta la vida nocturna local.
El recurso lo preparé y acabé en la primera mañana del puente que la pasé sola en el despacho, me disponía a irme a casa a comer las vainas sin sal de mi madre, que se cree que cocina bien encima, cuando me sonó el teléfono. Era un viejo colega, uno de esos veteranos abogados, medio profesor medio personaje de comedia, que pasea una cierta elegancia muy donostiarra por los pasillos de los juzgados y al que hacía un tiempo que no veía. Y me llamó para invitarme a comer bogavante, me explicó que estaba en la cama con una pierna recién operada a consecuencia de una fractura en un accidente de moto, que un cliente pescadero le había regalado unos bogavantes frescos y que se los habían preparado pero que le habían dejado solo el puente y que había pensado que quizá yo le haría el honor de compartir mesa y mantel con él.
Reaccioné bastante rápido y aceptando el plan, a pesar de que me dijo que no hacía falta que llevara nada, yo tenía en el despacho una botella de txakolí del bueno, del que no es txakolí más que de nombre, y me planté en su casa con ella. El hombre tardó en abrirme, porque se desplazaba con una pierna rígida y envuelta en plásticos, pero había preparado una mesita baja con los bogavantes y algunas otras delicatessen que me hicieron salivar en cuanto las vi.
Es un madurito interesante, que se suele decir. No me preocupé de averiguar si yo había sido su primera opción o la décima, pero fue una comida plena, llena de buenos alimentos y deliciosas bebidas para cuerpo y alma, comida en la que me reí, hablé, fui escuchada y que se me pasó como en un film muy entretenido. Recogí los restos de la mesa, preparé cafés y copas y me senté en el canapé que ocupaba, entre su pierna y el borde. Supongo que enseguida me empezó a acariciar el pelo, la verdad es que la situación era confortable, su cuerpo grandullón y envuelto un poco en colonia, su camisa que dejaba ver el pelo en pecho, las tonterías y maldades que podía decir sobre unos y otros de los conocidos comunes, la música que sonaba al fondo, todo era propicio para la intimidad más íntima, así que después de un pase por la sala de baños para evacuar exceso de líquidos y comprobar que yo tampoco estaba mal, regresé para recostarme contra él y besarle, besarle inmediatamente, besarle con todo mi cuerpo detrás, lo cual hizo que el canapé se volviera insuficiente enseguida para contenernos, sobre todo cuando sus manos empezaron a buscar botones, ojales y cierres de sujetador.
Así que sugirió que estaríamos más cómodos en la cama de su dormitorio y era lo lógico, y con mi ayuda se extendió sobre el lecho, quedándose solo con la funda clínica de su pierna. Le expliqué que yo no pensaba quitarme las bragas, que lo sentía pero que quizás otro día, que me apetecía un poco más de cariño “light” y que, al fin y al cabo, tenía novio y que una cosa es un profundo achuche y otra ponerse a follar con un viejo maestro. Pues así pasamos la tarde, entre sorbitos de gin-tonic, unas sobaditas mutuas en las tetas, me encantaba el tacto de su pecho contra los pezones, a veces su mano , no sé cuál, bajaba lentamente por mi culo hasta que alguno de sus dedos me tocaba el interior en busca de la pepita sensible, la punta de su pene perdía gotitas contra mi braguita, incluso alguna vez me bajé a lo largo de su cuerpo hasta poner mi boca muy cerca de su glande pero resistiendo la tentación de besarlo y volviendo a pasar rozando suave su piel hasta su boca y cuello. En un momento dado, estaba concentrada en las sensaciones que su dedo extraía, como ondas violetas, de mi clítoris, cuando me dí cuenta de que cambió de broca, sin pedir permiso, y era su glande el que estaba jugando en el umbral de entrada, con cuidado de que no se saliera, me alcé lo suficiente para mirarle a los ojos y lenta y metódicamente retrocedí sobre él hasta  tener todo su pene en mi interior, cerré los ojos. Y estalló, sentí que se venía dentro de mi a borbotones, sacudidas y líquido, y acto seguido desde todas mis extremidades millones de hormiguillas locas corrieron hacia el centro de mi clítoris, fue un orgasmo de récord, de dejarme tirada sobre él, pequeños orgasmos siguieron, no me atrevía a moverme para no romper aquel estado catatónico. Ya era tarde, me quería ir. Me pidió que me quedara a pasar la noche, pero le dije que no, que aquello no era lo previsto. Me miraba con una cara de compungido y, a la vez, encantado que me daba un indescriptible placer. Le dejé así, después de pasar por el baño a arreglarme un poco, tiré las bragas a la basura de la cocina, claro. Le pregunté si quería croissants para desayunar, conozco donde venden los mejores de Donostia, y le dije que a lo mejor le traía alguno a la mañana siguiente.
Regresé a casa hablando por teléfono con mi novio, la excursión estaba siendo un éxito pero el tiempo iba a peor, le dije la verdad, que le echaba de menos, que me apetecía tenerle a mi lado aquella noche, que me acariciase hasta quedarse dormido, siempre se duerme el primero.
A la mañana siguiente, la ciudad seguía deshabitada de sus residentes, los turistas empezaban a pasear por todas partes, compré los croissants, toqué el timbre, tardó en abrir, se había vuelto a tumbar en la cama cuando cerré la puerta del piso, dejé los croissants en la mesa de la cocina y toda la ropa en las sillas de la cocina, menos unas bragas rojas que me sientan estupendamente – casualmente las compré por recomendación de una amiga abogada que tiene siempre un folla-amigo a mano -, y corrí a tumbarme encima de él y a recorrerle la cara, las orejas y el cuello a besos, él solo dijo, mientras levantaba el elástico de la cintura de mis bragas, algo así como: “aquí sobra algo”. Me giré y me las quité de un rápido movimiento.
Ha pasado tiempo desde aquel puente, por cierto le convencí a mi novio para que regresara antes de la excursión, de vez en cuando le veo al viejo, no tan viejo, abogado, incluso una vez fuimos juntos a su casa donde, ya recuperado de su lesión, tuvimos una tarde de té con pastas y un par de revolcones, y otra vez, la última, me cogió de la mano a la salida de los tribunales y me llevó corriendo, - yo también le llevé, claro -,  al hotel más próximo, donde me estuvo comiendo todo lo que se puede comer sin tragar, hasta el agotamiento. Pero que quede claro, mi relación con mi novio va como nunca de bien.
   

jueves, 27 de diciembre de 2018

Chantaje y grabaciones de contenido sexual: no enseñes el culo por la ventana de la red

El delito de extorsión, lo que conocemos por chantaje, según el Código Penal vigente, lo comete quien, con ánimo de lucro, obligue a otro, con violencia o intimidación, a realizar u omitir un acto o negocio jurídico en perjuicio de su patrimonio o del de un tercero, y tiene fijado la pena de prisión de 1 a 5 años.
En Internet actúan personas y grupos que, mediante suplantación de personalidad, obtienen imágenes de usuarios de la red, generalmente en páginas de encuentros o de ligue, en las que éstos realizan alguna actividad sexual, casi siempre solitaria, y, una vez obtenida la filmación, proceden a demandar cantidades de dinero a cambio de no difundir estas imágenes.
Esta actividad delictiva, se ha venido realizando tradicionalmente mediante la grabación con cámaras ocultas en lugares y situaciones propicias para el intercambio sexual, desde hoteles de lujo a rincones románticos en playas perdidas o desde fiestas privadas hasta en retretes de discotecas, en las que alguno de los intervinientes suele ejercer de gancho que propicia la actuación que queda registrada. Pero la llegada de las nuevas tecnologías, a pesar de que también facilitan este tradicional medio de vida de la delincuencia (Micro-cámaras, cámaras de alta resolución, cámaras automáticas…), han provocado una eclosión de los delitos de esta clase en que el delincuente no tiene que acercarse a la víctima ni para obtener la herramienta del chantaje, ni para realizarlo, ni para percibir el beneficio.
Una variante del delito también frecuente es aquella en la que el delincuente -normalmente hombre y excepcionalmente mujer -, pide más imágenes, cada vez más fuertes o explícitas para satisfacerse en la distancia, a cambio de no difundir las obtenidas anteriormente y, la siguiente variante de esta conducta delictiva, es obtener sexo real con la víctima a cambio de no revelar la colección de imágenes ya almacenada; siendo la última variante el aprovechar esos encuentros para grabarlos y volver a reproducir el chantaje. Pero esta extorsión libidinosa no es el delito de extorsión en nuestro Código Penal sino que es una agresión sexual que la comete quien atenta contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación (que deriva de la existencia de las imágenes que propició la propia víctima), y que es castigado con la pena de prisión de uno a cinco años que aumenta a ser de cinco a diez años si la víctima es especialmente vulnerable por la edad u otras circunstancias. Y la conducta pasa a ser violación cuando hay acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías, y la pena pasa a ser de prisión de seis a 12 años que puede subir a  ser de doce a quince años cuando la víctima sea especialmente vulnerable por la edad y otras circunstancias.
Tendemos a pensar que, en estos casos,  todas las víctimas son chicas adolescentes y todos los delincuentes son informáticos solitarios pero la realidad es que no existe un catálogo típico ni de víctimas ni de delincuentes, así que un solo consejo: ¡No enseñes el culo por la ventana al mundo que es Internet!

martes, 25 de diciembre de 2018

BECARIAS (FICCIÓN)

Cuando se anda en torno al medio siglo de edad la rutina diaria es un río que te lleva por la vida sin necesidad de tomar continuamente decisiones. Por costumbre, después de comer me quedo dormido delante de la televisión hasta que empiezan las noticias, veo los titulares y me voy a trabajar. Aquella tarde, al despertarme, mi mujer me pasó una bolsa de viaje y me dijo:
- Esta noche no duermes aquí, ha llamado “el gerente” y ha dicho que os tenéis que ir de viaje a un acto en la Cámara de Comercio en Pau y que luego tenéis cena y otra reunión por la mañana y no sé qué más…
Lo de gerente es el calificativo que mi esposa le da a mi socio, y todo aquello sonaba a un embuste del mismo para alguna de sus embarcadas, así que cogí el libro que estaba leyendo aquellos días “El Proceso Estratégico, Conceptos, Contextos y Casos” de Henry Mintzberg junto a la bolsa,  llegué a la oficina y, sin tiempo para explicaciones, el colega me llevó a un taxi que nos esperaba frente al portal. Solo dentro del taxi me hizo un breve esquema de lo que me esperaba.
- Había quedado hoy para irme de excursión con el amigo Ignacio y un par de estudiantes a las que íbamos a ayudar económicamente, pero se ha muerto su suegro, y como tengo todo organizado -me metió en el bolsillo de la chaqueta una caja de condones-, y no tienes nada importante en la agenda ni para hoy ni para mañana, te vienes conmigo.
- ¿Y tu coche? - El coche del socio es un deportivo colorado de esos que, según los antropólogos, el mono desnudo usa como sustituto del pene para atraer a las hembras -.
- Ahora lo recogemos, tranquilo.
El taxi nos dejó a la puerta de un hotel en el barrio de Aiete y, cuando nos disponíamos a entrar, llegó el coche deportivo junto a nosotros. Lo conducía una veinteañera guapísima y muy elegante, junto a ella, otra chica, poco más joven, de similar apariencia externa, la conductora pasó a los asientos de atrás después de entregar las llaves y de las simpáticas presentaciones. Ambas se llamaban Idoia, así que a partir de aquel momento pasaron a ser Idoia I o senior e Idoia II o junior para evitar confusiones. En la parte de atrás del coche no cabe un vasco de tipo normal y, aunque yo soy del tipo guipuzcoano pequeño, Idoia I y yo estábamos estrechamente unidos desde el principio, lo que era bastante agradable porque además su perfume me abrigaba muy confortablemente.
El viaje a Dax – porque era a Dax a donde íbamos -, se pasó rápido, mi socio estaba inspirado y relataba historias locas, algunas conmigo como protagonista, que, por imposibles, nos hacían reír sinceramente a los cuatro. Mi compañera de asiento me contaba trazos de su vida de niña navarra de familia numerosa, venida a estudiar a Donostia, último año de carrera universitaria, mañana es el Santo Patrón de la Universidad, la otra Idoia tiene que hacer un trabajo sobre los aspectos turísticos de Dax etc Cuando yo tenía que corresponderle con mis datos biográficos, le contaba la vida de mi primo Jorge, que me la conozco bien y es más interesante que la mía, además nunca cuento mi vida a desconocidas.  De vez en cuando me despeinaba el flequillo y me decía sonriendo que le recordaba a su profesor de Derecho del Trabajo.
Paramos en nuestra meta, un hotel que fue moderno entre las dos guerras del siglo XX pero que se conservaba espléndidamente, de hecho se llama Le Splendide, alguien se encargó del coche y de los equipajes. La suite, allí me enteré que íbamos a compartir una suite como consecuencia de la oferta a la que se había acogido el organizador de la excursión, tenía vistas al río Adour y, contemplándolas desde la terraza, me puse detrás de Idoia I y empecé unas maniobras manuales hacia sus senos – no puedo resistir unas tetas a corta distancia y en el coche las tenía más cerca de mi cuello que de mis manos -, pero ella me dijo:
- Dile a éste que se espere – y me tamborileó con sus dedos en la erección -, que las tiendas aquí cierran pronto y ahora toca shopping, que no fucking.
Nos fuimos de tiendas, hay un par de boutiques chics de modistas y de prêt à porter en Dax, en las que las chicas encontraron unos trapitos a precios imbatibles y que mi socio pagó en efectivo sin que las encargadas se sorprendieran en absoluto, a pesar del importe de las facturas. Nuestras acompañantes se lo estaban pasando muy bien por las muestras expresivas de afecto que nos prodigaban. No creo que en las tiendas pensaran que éramos los tíos ricos que han sacado de paseo a sus sobrinas. Aproveché para comprar cuadernos de dibujo Moleskin y Calepino para mi mujer, a la que quiero mucho y  siempre le traigo algo de arte de mis viajes.
Luego fuimos a tomar una copa para recuperarnos y regresamos para cenar al hotel, besándonos y acariciándonos un poco confusamente – creo que llegué a besarle a mi socio en la boca y con lengua -,  llegamos  cuando los últimos ancianos abandonaban el restaurante, sin embargo, nos atendieron sin problemas.
Después de una cena de vinos excelentes y de bellas decoraciones en platos con exigua alimentación, aunque las chicas querían salir a tomar algo fuera, la obscuridad de la noche y la ausencia de vida humana por las calles de alrededor les convenció de que el bar del hotel no estaba nada mal con su ambiente “art deco”.
Mi entrepierna, con su vida independiente, me recordaba con frecuencia a qué habíamos venido a Dax, así que como las chicas tenían que levantarse bastante pronto para hacer la búsqueda de los datos para el trabajo de Idoia II, no había excusas para demorarse en aquellos gintonics.
A la hora de acostarnos en la suite, nos había tocado el dormitorio en el sorteo a Idoia senior y a mi, mientras que los otros tenían más espacio en el salón de la suite, en una cama grande pero ligeramente más estrecha, yo, lavados los dientes, los preservativos sobre la mesilla, acicalado, desnudo y preparado para la acción, esperé que ella saliese del cuarto de baño. Salió desnuda y no apagó la luz principal hasta que estuvo segura de mi conmoción al contemplarla. Se metió en la cama, después de dejar unos sobres de condones bajo la almohada y, a la luz de la cabecera, se me colocó como una maja de cuadro pero en mejor, y mi mano corrió hacia la mata de pelo negro y ensortijado de su pubis.
- No te precipites – me dijo, cogiéndome la mano -, acariciame con delicadeza, por favor y, vamos a hablar un poco antes, quiero que me acaricies los oídos con tus palabras, me gusta cómo hablas, dime cosas bonitas…
Yo soy más de erotismo que de pornografía. Ya sé que la diferencia entre uno y otra es pequeña, de los pocos segundos en que se tarda en clavarla, que es de lo que se trata, de una u otra manera, así que empecé a hablarle con las delicadas palabras de los modernos poetas andaluces y enseguida me di cuenta de que se dormía, así que me puse encima de ella y le abrí de piernas, sin callarme en mis metáforas. Ella me musitó “Ponte el condón” con los ojos entrecerrados y creo que batí mi mejor marca personal en eyaculación precoz. Ella ya estaba dormida del todo cuando acabé y yo caí inmediatamente en el sueño.
Amaneció un día de niebla, esa niebla cegadora por brillante de Las Landas, ella estaba dormida, apenas su respiración se oía. Su contemplación, la naturaleza, la biología y todas las circunstancias llevaban a una sola meta. Ella musitó de nuevo “Ponte el condón” sin abrir los ojos, luego emitía, con mis sacudidas, unos maulliditos como de satisfacción en mi oído, sin duda aprendidos en una escuela de modelos y azafatas. Y después del coito matutino me volví a quedar dormido.
Al volver a despertarme, las dos chicas ya estaban despidiéndose de mi socio para irse a explorar la ciudad o lo que fuera que iban a hacer, salí a interesarme y desayunar lo que me hubieran dejado, cuando éste les daba un anticipo de beca, algunos billetes de 200 euros me pareció, por si acaso.
Los hombres teníamos reservados un circuito de spa en el propio balneario del hotel y allí nos fuimos. Mi socio se quedaba dormido por las bañeras y no hablaba apenas, solo para decirme que a la vuelta tendría que conducir yo porque él no había pegado apenas ojo durante la noche.
Cuando nos avisaron que las chicas habían vuelto y nos esperaban en el hall de la zona de baños, salimos los dos en albornoz y nos las encontramos radiantes y luminosas con alguna bolsa de zapatería – unos zapatos irresistibles que vieron casualmente en un escaparate -, y otras de folletos  recogidos de la oficina de Turismo Oficial. Mi Idoia se empeñó en mostrarme  las fotos que habían hecho y se habían hecho por fuentes, criptas, museos, iglesias, plaza de toros… en las que lógicamente nosotros no salíamos - la mejor manera de que imágenes comprometedoras no circulen por ahí es no hacerlas -, mientras los otros dos subían a hacer los equipajes a la suite, aunque no habían sonado las 12 y la hora límite de salida eran las 14 horas, queríamos estar de vuelta en la ciudad para esta hora.
Al entrar nosotros dos en la suite nos encontramos que en la sala-dormitorio el otro par de excursionistas estaba acabando en una desnudez absoluta de degustarse mutuamente sus zonas genitales y no nos prestaron ninguna atención. Aquella visión me causó efecto bajo el albornoz, así que le llevé a Idoia I a nuestra habitación, le bajé los pantalones y las bragas, llevaba una chaqueta de piel sobre la blusa que le quedaba de película, y le hice inclinarse de espaldas a mí, con su colaboración, sobre la cama. No caí en la tentación de penetrar su orificio de salida, más que nada por no perder el tiempo con los preparativos necesarios, así que entré por la vía más convencional. Le hice el favor de ponerme el condón sin que me lo pidiera y ella me hizo el favor de simular un pequeño orgasmo sin que se lo pidiera, al fin y al cabo, no habíamos venido hasta Dax para hacer compras, cenar, dormir, un poco de termas y algo de arqueología.
El viaje de vuelta, mi socio condujo en silencio, fue muy rápido, a la máxima velocidad posible entre radar y radar, Idoia II dormía profundamente delante y mi Idoia y yo continuábamos conversando con ese afecto mutuo que a veces se coge follando.
Les dejamos a las dos chicas en la parada de taxis de la estación del Norte, mi socio les entregó los sobres con el resto del importe de las becas y fuimos a comer a una taberna-restaurante de Gros en el último servicio de comidas, donde yo le pregunté:
- ¿Qué te pasa que estás con esa cara de preocupado todo el rato?
- ¡Que era virgen, hostias! ¡Que era virgen! ¡No me jodas! Nunca había follado con una virgen y sabes lo peligroso que es desvirgar a una tía, que luego se quedan colgadas de uno y no te dejan en paz.
     La preocupación de mi socio se disolvió en el tiempo, yo me acordé en ese momento de que me había dejado “El Proceso Estratégico, Conceptos, Contextos y Casos” de Henry Mintzberg en la mesilla de la suite pero no lo volví a echar de menos nunca y no me lo volví a encontrar en la vida, a Idoia y a Idoia tampoco. Cuando se anda en torno al medio siglo de edad la rutina diaria es un río que te lleva por la vida sin necesidad de tomar continuamente decisiones.

domingo, 23 de diciembre de 2018

FIESTA DE VIEJOS CON JÓVENES EN UNA PISCINA (FICCIÓN)


Si se teclean en Google las cuatro palabras fiesta, viejos, jóvenes y piscina salen diez millones de referencias de todas las páginas de pornografía del mundo hispano. Lo sé porque lo he hecho. He hecho lo de buscarlo y lo de la fiesta. Me habían invitado a una fiesta de “chicos solos” en una casa de un conocido que era bastante amigo de un socio mío, una casa que ya conocía por haber estado en otra fiesta anterior, ocasión en que no me lo había pasado mal, incluso me lo había pasado muy bien, con una señora que no era mi mujer, - creo que esto ya lo he contado anteriormente -, así que acepté la invitación de mi colega. La verdad, que parece mentira, es que no sabía exactamente a lo que iba, se me dijo de llevar bañador tan solo y algo de dinero en efectivo ¿Cuánto? Creo que en torno a 500 euros. Como conocía a los posibles asistentes, sus fuertes ingresos y sus gustos por el lujo, pensé que me esperaba una tarde noche, de jueves o viernes quizá, llena de buenos alimentos, bebidas insuperables y conversaciones idiotas pero mi señora tenía un viaje a La Rioja, a una casa rural donde iba a asistir a un cursillo de creatividad en técnicas mixtas orientales o algo así por unos días – ella tiene una vocación artística indudable -, y yo había denegado invitaciones similares muchas veces, así que me resigné a perder el tiempo con aquel grupo, en vez de quedarme tranquilo en mi piso con un buen libro y buena música. También es cierto que al negocio le convenía, y le conviene, tener buenas relaciones con el poder y aquella gente tenía cierto poder en nuestra pequeña provincia, además yo soy más de fiar que mi socio en casi todas las materias.

Me parece que no hacía frío ni calor en la calle de la urbanización, mi coche era el más modesto de los aparcados en la entrada de la villa, donde un par de escoltas fumaban y me saludaron al reconocerme. La piscina, una bañera grande donde siempre se hacía pie y en la que se hacía un largo en cuatro brazadas, estaba en el interior y francamente la temperatura ambiente era de un invernadero para plantas tropicales. En bañador y con una bebida en la mano, estábamos media docena de tipos de mediana edad, todos más musculados que yo, que no he pisado jamás un gimnasio.
El propietario de la mansión nos contó exageradamente por última vez y le comentó a alguien al otro lado del teléfono:
- Vamos a ser seis, por fin - me pareció que me miraba a mí, como a alguien al que no se esperaba - ¿Vale? ¿No hay problemas?
Me metí en el agua por hacer algo y empecé a nadar. Mi socio me miró sonriente, se quitó el escueto slip que llevaba y se zambulló ruidosamente.
- Aquí nos ponemos en pelotas de todas todas – me dijo -.
Como no tengo problemas para ello, me quité mis bermudas y las arrojé a una tumbona de madera que estaba junto a una mesita con comida y bebida, seguimos nadando y comentando temas de actualidad, los otros asistentes a veces entraban en la piscina, se desnudaban y se ponían de nuevo los bañadores al caminar fuera del agua, posiblemente sintiéndose incómodos con sus envejecidos aparatos a la vista al desplazarse.
Al rato me pareció oír una bocina, “ya están aquí” dijo alguien, todos salieron del agua y se pusieron los bañadores, yo les imité. Y entraron las chicas, espectaculares, modelos, jóvenes, podían ser nuestras hijas pero nuestras hijas más pequeñas. Entraron con un tipo bajito y calvoso, una cara conocida de la ciudad, de esos de toda la vida a los que conoces pero no sabes de qué y no sabes cuál es su profesión, el cual saludó a algunos de los presentes y se evaporó inmediatamente.
En el acto las seis estaban preparadas para el baño e incluso una se lanzó al agua, tipo bomba, mojándonos a todos, se me empujó y me dejé caer, el agua se llenó enseguida de bullicio y de juegos de ahogamiento desordenados, bandejas flotantes con copas navegaban en el oleaje, las luces intermitentes y giratorias se pusieron en funcionamiento, la música era atronadora. Mi socio ya estaba desnudo y me dejó igual rápidamente, mientras me indicaba con la mirada la chica que hacía un momento tenía al lado haciéndome surtidores de agua con la boca dirigidos a mis ojos, ésta me pasó la parte superior de su bikini alrededor del cuello y lo tiró no sé dónde, riéndose me hacía bailar un imposible rock entorno a ella, algo más alta que yo. Parecerá mentira pero yo solo pensaba en preguntarle de qué la conocía, porque aquella belleza me era familiar y alguna de las otras chicas también, estaba seguro de haberlas cruzado – yo miro mucho, quizá sea un salido, todas las guapas que encuentro -, pero alguien, mi socio posiblemente, también le quitó la parte de abajo del bikini con toda facilidad.
Difícil precisar lo que duró aquel ejercicio físico de saltar haciendo como si se sigue el ritmo dentro del agua, no había en ello nada de erótico, al menos mi erotismo había permanecido alicaido hasta entonces, pero mi falta de preparación me estaba pasando factura y le dije a aquel torbellino que me iba a salir un momento y ella me dijo que ella también tenía hambre y que saliéramos a tomar un bocado. Nos dirigimos a la escalerilla que ella abordó la primera. Y efectivamente mi vista desde abajo le hizo un examen ginecológico en su subida que, cuando llegué arriba, había causado efecto. La joven me pasó una toalla para disimular la erección y ella se envolvió en otra. La música impedía una conversación seguida pero la contemplación de aquel cuerpo - su toalla se había caído sin que hiciera ningún esfuerzo por mantener escondidas sus contundentes tetas -, me mantenía ocupado sin necesidad de entender nada de lo que ella decía, ella se debió dar cuenta porque se inclinó para hablarme al oído, estábamos en pie, lo que me hizo pasar una mano acariciadora por su cadera hacia la nalga, hacendo caer del todo el molesto trapo.
- Se ve pero no se toca – me dijo apartando mi mano -, somos modelos, esto es un show.
Seguí su mirada hacia la piscina y efectivamente, otra chica seguía con sus movimientos sincopados junto al propietario pero solo se tocaban las manos por necesidades coreográficas, fuera del agua otras dos hablaban con otros dos invitados mientras se secaban, manteniendo una distancia perceptible… pero al fondo, a espaldas de la chica, mi socio estaba montado como un galgo sobre otra del grupo que estaba en posición de galga en celo y se lo señalé.
- Ivanka debe tener una relación especial con tu colega – me explicó – pero yo me tengo que ir a secar el pelo que ahora tenemos una fiesta en una discoteca y no podemos faltar. Por cierto, dale recuerdos a tu hijo de mi parte, éramos compañeros de pupitre en el liceo.
Y me dio un beso en los morros, con sabor a salmón ahumado y eneldo, luego se dirigió al cuarto de baño, donde otras tres chicas se le unieron. Yo me quedé solo con mi pene marmóreo, una copa en la mano, observando cómo mi socio ponía fin a su breve encuentro fornicatorio y me dejaba al descubierto a otra pareja que seguía en paralelas actividades sobre unas toallas.
Las cuatro chicas desaparecieron mucho más rápido que lo que habían llegado mientras yo especulaba con el pensamiento de que mi hijo no tenia edad para sacarse el permiso de conducir que llevaba tiempo anhelando.
La llegada de mi colega de profesión y de Ivanka, una pequeña rubia de bello rostro andrógino y serio, a mi lado me sacó de mi ensimismamiento – tengo una tendencia a aislarme en mi interior aun en las situaciones más extrañas -, y dirigí mi veleta, parecía que mi pene se había quedado en posición de firme para tiempo, hacia ellos para iniciar una conversación imposible, él puso la mano de la chica en la mía y se zambullió de tripada – te podías partir el cuello si te tirabas de cabeza -, ella cogió un montón de servilletas de papel en la otra mano y me dirigió a una de las sillas de playa donde me senté.
Con un unos lengüetazos en mi glande, dados con la misma pasión que pone una funcionaria del Registro Civil en hacer fotocopias de certificados de defunción, mi tensión se derramo, ella me pasó la mitad de las servilletas para que me limpiara, se limpió la mejilla, bebió un palmero de whisky sin hielo ni agua y cayó, como un árbol cortado, en el agua de la piscina.
Permanecí, como un espectador atento, viendo el espectáculo patético, de una fealdad estética obvia, de aquellos cinco vampiros que se frotaban como podían, dentro y fuera de la piscina, con aquellos cuerpos de espléndida juventud sin alma – las miradas estupefactas lo proclamaban -. Y me vestí para irme, nadie se dio cuenta de mi desaparición hasta que decidieron continuar la fiesta en la misma discoteca de siempre, según se me explicó más tarde.
Fuera los escoltas seguían fumando. Me dirigí en mi coche hacia las luces de la ciudad, oyendo la radio, el locutor explicaba los horarios de la Marcha Nocturna a Itziar.
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viernes, 21 de diciembre de 2018

TARDE DE DOMINGO SIN FÚTBOL (FICCIÓN)

- Con mi marido cazando palomas o eso dice y los niños en casa de los abuelos, yo creo que me merezco una alegría para mi cuerpo.
Me dijo mi compañera de baile, con la que ya llevaba un buen rato jugando a “médicos sin fronteras y enfermeras sin bragas”, como dos primos en celo preadolescente, en uno de los canapés de la penumbra de la gran sala de estar en casa de nuestros anfitriones. La verdad es que la situación, música de baladas de hace veinte años en bucle y bebidas sin límite, era bastante infantil, algunas parejas continuaban bailando mientras se intercambiaban salivas y se palpaban sus veteranas anatomías, otras, como nosotros, estaban haciendo lo mismo en canapés y sofás o directamente sobre alguno de los felpudos con zapatos y prendas sobrantes caídos en desorden por todas partes, también había los que estaban desaparecidos por las habitaciones.
Cuando me dijo, el que fuera que me lo dijo, de venir a pasar la tarde del domingo en un guateque “al estilo de los viejos tiempos” ya que no había partido de fútbol, la verdad es que lo acepté sin entusiasmo, mi idea era aprovechar para leer y estar solo, que mi esposa iba a pasar el fin de semana en un cursillo de xilograbado artístico en una especie de monasterio navarro pero, como ella misma insistió, yo me estaba convirtiendo en un misántropo y debía relacionarme con mis colegas. Así que provisto de mi botella de vodka, como indicado en la invitación, me presenté a la hora del café en las señas que me indicaron. Ya había algunas parejas, también fueron llegando los “solteros” y las “solteras” y otras parejas, no llegábamos a veinte personas en el interior, los escoltas se quedaban en los coches. En cuanto las luces se fueron gradualmente tamizando, me di cuenta que la igualdad de géneros estaba cuidadosamente prevista, no era sitio para homosexuales y, la verdad, como todos nos conocíamos lo suficiente para saberlo, ninguno se había colado a la fiesta. La música y los combinados clásicos, de los que ya no se beben tanto, establecieron una especie de selección natural en la evolución de la tarde y de las parejas sin necesidad de cocaína alguna, a pesar de que alguno de los guardaespaldas nos podía pasar los gramos que pidiéramos.
A horcajadas sobre mí, mientras bebía el último sorbo del cubalibre, ella se lamentaba de que en un rato tendría que ir a recoger a los niños y dejarme allí. Evidentemente yo le expliqué que yo iba a lamentar que me dejase así, mi recobrada erección buscaba dónde refugiarse, aunque follar fuera cosa de albañiles como ella había dicho al principio de nuestros combates y, haciendo gala de su reconocido gran corazón, ella me dijo, no sin sonreír:
- Bueno... pero la puntita nada más.
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viernes, 14 de diciembre de 2018

LAS DENUNCIAS TARDÍAS DE DELITOS SEXUALES

En los medios de difusión de noticias (En todos los sentidos del término) es fácil encontrarse con denuncias de delitos sexuales cometidos por ciertos personajes masculinos hace algún tiempo. La investigación de estos caso en que la víctima ha permanecido ocultando su sufrimiento durante largo tiempo hasta que un día se decide a dar el paso tiene dos obstáculos que se presentan en el camino hacia la condena, en su caso, del denunciado : LA PRESCRIPCIÓN  y LA FALTA DE PRUEBA

LA PRESCRIPCIÓN

Para hablar de prescripción del delito tenemos que hablar primero de la duración de la pena de prisión que puede ser impuesta en cada caso ya que es un elemento fundamental, como veremos.

El delito de agresión sexual está sancionado con pena de prisión de 1 a 4 años; si la agresión sexual consiste en el acceso carnal, la introducción de objetos o la penetración bucal o anal, la pena será de prisión de 6 a 12 años. Las penas anteriores podrán incrementarse a prisión de 4 a 10 años y a prisión de 12 a 15 años, respectivamente, si concurre alguna circunstancia (violencia, intimidación, modo degradante, intervienen dos o más personas, víctima especialmente vulnerable, por su edad, enfermedad o situación, y en todo caso, si es menor de 13 años etc).

A diferencia del delito de agresión sexual, en el delito de abusos sexuales no interviene la violencia ni la intimidación. La persona que lo comete realiza actos que atentan contra la libertad sexual de la víctima sin que ésta preste su consentimiento. En todo caso, se consideran abusos sexuales no consentidos los que se ejerzan sobre menores de 13 años, sobre personas con trastorno mental o privadas de sentido. También es constitutivo de delito si en el agresor obtiene el consentimiento de la víctima haciendo valer una situación de superioridad sobre la misma que coarte su libertad. Los delitos de abuso sexual se penalizan con prisión de 1 a 3 años o multa de 18 a 24 meses. Si el agresor abusa de una situación de superioridad sobre su víctima, la pena será la de multa de 6 a 12 meses. Cuando el abuso sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de objetos por alguna de las dos primeras vías, el responsable será castigado con pena de prisión de 4 a 10 años. Por su parte, la persona que abuse sexualmente de otra mayor de 13 años y menor de 16 años utilizando el engaño, será castigada con una pena de prisión de 1 a 2 años, o multa de 12 a 24 meses. Si el abuso consiste en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de objetos por alguna de las dos primeras vías, la pena se elevará a prisión de 2 a 6 años.

Los plazos de prescripción, contados a partir de los hechos, o de que éstos acabaran cuando ha habido un delito continuo en un tiempo, varían en función de la pena a imponer (Entre 1 y 15 años de duración, como acabamos de ver) y en lo que nos concierne sobre delitos sexuales:
A los QUINCE AÑOS, cuando la pena máxima señalada por la ley sea inhabilitación por más de diez años, o prisión por más de diez y menos de quince años.
A los DIEZ AÑOS, cuando la pena máxima señalada por la ley sea prisión o inhabilitación por más de cinco años y que no exceda de diez.
A los CINCO AÑOS para hechos de después de 23.12.2010 o a los TRES AÑOS, hechos de antes de 23.12.2010, los demás delitos con menos pena.

En el caso de los delitos sexuales con víctimas menores de edad, el CP español establece que  los términos de prescripción se computarán desde el día en que este haya conseguido la mayoría de edad, y si muriera antes de conseguirla, a partir de la fecha de defunción. Esta regla fue incorporada al CP por la LO 11/1999, o sea que a los anteriores al 21.5.1999 se aplica el plazo general desde la fecha de la comisión de los hechos.

La prescripción es causa de extinción de la responsabilidad criminal. La extinción de la responsabilidad penal se produce cuando un hecho delictivo no es perseguido dentro del espacio de tiempo comprendido entre el momento en que se produce su consumación (dies a quo) y el momento en que finaliza el cómputo del correspondiente plazo de prescripción (dies ad quem). La prescripción del delito puede ser alegada por la parte, e, incluso, acordada de oficio en cualquier momento del procedimiento. También, por lo tanto, si se plantea como cuestión nueva en vía de recurso, o en la misma vista de éste.

Cuando se trate de penas acumulativas, el plazo de prescripción del delito será el correspondiente a la pena más grave. Según la jurisprudencia del Supremo, debe tenerse en cuenta la pena en abstracto fijada para el delito de que se trate, y no la pena resultante de la aplicación de las normas sobre grados de participación y de ejecución.

Por tanto, muchas de las conductas denunciadas deben estar prescritas en el momento en que salen a la luz y son difundidas.


LA PRUEBA
La prueba que sostiene las acusaciones es normalmente la palabra de cada denunciante, salvo aquellas en las que existan otras acreditaciones como fotografías, filmaciones o audios o testigos que también han callado. Respecto al valor que ha de otorgarse a la declaración de la víctima, el Tribunal Supremo ha señalado reiteradamente, que aún cuando, en principio, la declaración de la víctima puede ser hábil para desvirtuar la presunción constitucional de inocencia, ha de resaltarse que para fundamentar una sentencia condenatoria en dicha única prueba es necesario que el Tribunal que juzgue compruebe la concurrencia de las siguientes NOTAS o REQUISITOS:

1º.-  AUSENCIA DE INCREDIBILIDAD SUBJETIVA:
Ausencia  de incredibilidad subjetiva por parte de la víctima, que pudiera resultar de sus características o de sus circunstancias personales. En este punto dos son los aspectos subjetivos relevantes de la víctima-testigo:
a) Sus propias características físicas o psicoorgánicas, en las que se ha de valorar su grado de desarrollo y madurez, y la incidencia que en la credibilidad de sus afirmaciones pueden tener algunas veces ciertos trastornos mentales o enfermedades como el alcoholismo o la drogadicción.
 b) Las relaciones acusadora/acusado que pudieran conducir a la deducción de la existencia de un móvil de resentimiento, enemistad, venganza, enfrentamiento, interés o de cualquier índole que prive a la declaración de la víctima de la aptitud necesaria para generar certidumbre.

2º.- VEROSIMILITUD:
Es decir constatación de la concurrencia de corroboraciones periféricas de carácter objetivo, que avalen lo que se afirma;  en definitiva es fundamental la constatación objetiva de la existencia del hecho.

La verosimilitud supone:

a) Que la declaración ha de ser lógica en sí misma, o sea no contraria a las reglas de la lógica vulgar o de la común experiencia, lo que exige valorar si su versión es o no insólita, u objetivamente inverosímil por su propio contenido.

b) Que la declaración ha de estar rodeada de corroboraciones periféricas de carácter objetivo obrantes en el proceso; lo que significa que el propio hecho de la existencia del delito esté apoyado en algún dato añadido a la pura manifestación subjetiva de la víctima. Exigencia que, sin embargo habrá de ponderarse adecuadamente en delitos que no dejan huellas o vestigios materiales de su perpetración  puesto que, el hecho de que en ocasiones el dato corroborante no pueda ser contrastado no desvirtúa el testimonio si la imposibilidad de la comprobación se justifica en virtud de las circunstancias concurrentes en el hecho pero debe existir ese otro elemento sobre aspectos de ese delito concreto que sea un dato plenamente acreditado por otras pruebas.

3º.- PERSISTENCIA EN LA INCRIMINACIÓN:
Esta debe ser prolongada en el tiempo, plural, sin ambigüedades ni contradicciones sustanciales o inexplicables, pues constituyendo la única prueba enfrentada a la negativa del acusado, que proclama su inocencia, prácticamente la única posibilidad de evitar la indefensión de éste es permitirle que cuestione eficazmente dicha declaración, poniendo de relieve, como sea, las contradicciones.

Por lo que: al testimonio de las víctimas, así como al de otros posibles testigos callados en el tiempo, hay que acompañarlo de toda clase de indicios de veracidad y debe ser un testimonio demoledor y a prueba de toda suerte de artimañas legales o alegales que emplee la defensa del acusado, el cual también puede sostener perfectamente una declaración firme, verosímil y persistente en toda la instrucción.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Querido y, sin embargo, alcalde

Querido y, sin embargo, alcalde :
Leo la convocatoria que haces contra una sentencia judicial y no me parece bien, tampoco mal. Es un acto inútil en la práctica - los jueces son justos por dogma -, y cuya finalidad se me escapa, es una de esas cosas que hacéis los del PNV de vez en cuando, una gracia de batzoki, y que os acerca a los partidos anti-sistema pero el partido aranista es un amo de ese sistema, así que esa acción tiene pinta de ser una “arana”, una trampa en viejo castellano, de esa permanente partida de mus a la que se juega en el pequeño país.
Desde el lado de las victimas del pornógrafo donostiarra, Kote Cabezudo, ademas nos parece una burla ya que algunos hemos aceptado nuestra culpa pasiva por no sumar lo que se nos contaba a lo que ya sabíamos y por tomarnos aquellos relatos como los cuentos masturbatorios de unos enfermos mentales, triunfadores en el donostiarra mundo de la política, la finanza y las negritas de la crónica social del plumilla de turno, pero otros habéis preferido volver a cerrar el “placard” del pasillo con la basura fermentando dentro.
Duele mirar a tus amigos, a tus cofrades, a tus hermanos… y decirles tú también, tú también eres un jodido delincuente y yo solo tengo una salida digna, irme de esto, de esta amistad, de esta cofradía, de este cargo o lo que corresponda, porque ya estás en una edad en la que cada vez es mas difícil reconvertirse. Estás a tiempo "quand même", yo puedo contarte mi propia experiencia.
Mientras, sin gabinete de prensa y sin que el “nagusi” omnipotente te dé permiso, vete llamando a esas victimas que, a pesar de mi escepticismo, acudieron a ti porque eres alcalde, aunque sea por la gracia del “hombre del gatito en el regazo”, te sea necesario serlo o no.
Un cordial abrazo.

PD.: perdona las faltas, es un teclado francés el que uso.

ABUSO SEXUAL

En el delito de abuso sexual se tipifica la conducta del que, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realizare actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona. Se consideran abusos sexuales no consentidos los que se ejecuten sobre personas que se hallen privadas de sentido o de cuyo trastorno mental se abusare, así como los que se cometan anulando la voluntad de la víctima mediante el uso de fármacos, drogas o cualquier otra sustancia natural o química idónea a tal efecto. Agravando la pena a imponer, cuando el abuso sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal o la introducción de miembros corporales u objetos por  las dos primeras vías.
La Jurisprudencia ha venido señalando como características del abuso sexual las siguientes: (1) un elemento objetivo de contacto corporal o tocamiento impúdico o cualquier otra exteriorización o materialización con significante sexual, cuya variedad es múltiple, incluyéndose, con distinta significación punitiva, el acceso carnal; (2) ese elemento objetivo o contacto corporal puede realizarse tanto ejecutándolo el sujeto activo sobre el cuerpo del sujeto pasivo como con maniobras que éste realice sobre el cuerpo de aquél, siempre que estas se impongan a personas incapaces de consentir libremente; y (3) un elemento subjetivo o tendencial, que tiñe de antijuricidad la conducta y que se expresa en el clásico "ánimo libidinoso" o propósito de obtener una satisfacción sexual.
Pero la agresión sexual la comete quien atente contra la libertad sexual de otra persona "utilizando violencia o intimidación" que deviene una violación, bien porque hubiera penetración o bien porque se introduzcan otras partes del cuerpo u objetos.
El paso del abuso a la agresión sexual se produce, por lo tanto, siempre que medie violencia o intimidación. La jurisprudencia ha definido la violencia como acometimiento, imposición material o uso de la fuerza física o semejante, suficiente para vencer la voluntad de la víctima. La intimidación, por su parte, conllevaría que el sujeto pasivo cede para evitar un mal mayor sobre su persona, bienes o sobre un tercero. No es necesario que el mal con el que se amenace sea grave, pero sí que sea creíble y real y de tal envergadura que tenga la capacidad de doblegar a la persona agredida. Las circunstancias objetivas y subjetivas de cada caso van a establecer cuando se ha producido violencia o intimidación. La Jurisprudencia viene a decir que lo relevante es el contenido de la acción intimidatoria llevada a cabo por el sujeto o sujetos que actúan más que la reacción de la víctima frente a aquélla. En todo caso, la acción intimidatoria debe ser "idónea" para "evitar que la víctima actúe según las pautas derivadas del ejercicio de su derecho de autodeterminación".
Ahora, basta vivir la situación de acusados y de victimas en un caso concreto para valorar, a partir de los hechos establecidos como probados, en conciencia si hay libre voluntad de mantener relaciones sexuales, un simple abuso o una agresión sexual o más bien una violación.

jueves, 20 de septiembre de 2018

LE SOLITAIRE

Une fontaine, une source de montagne, quelqu’un a mis une feuille pour faire un rustique robinet et l’eau chante sur les cailloux. La nuit, j’aime venir ici, boire quelques gorgées, entendre la chanson de la fontaine, m’asseoir et laisser mes pensées flâner dans ma tête. Je sens tous les parfums de la forêt, une masse obscure un peu plus en bas, sur la gauche, aussi les parfums des prairies qui montent vers les cimes, je vois parfois des lumières dans le fond de la vallée, des randonneurs qui ne trouvent pas le refuge ou qui vont vivaquer à la proximité du torrent. Autour de moi il y a le silence de tous les animaux, seulement les insectes nocturnes accompagnent la magnifique symphonie de l’eau et du vent. J’aime cette quiétude, je l’aimais avant, du plus profond de ma mémoire j’aimais être seul en la montagne, je l’aimais et je l’aime.
Et comme ça, là où je vivais, la journée avait été éreintante, des hélicoptéristes passaient tout le temps, je n’avais pas pu dormir une minute. La nuit je suis allé me reposer a la source qui me plaisait comme d’habitude, mais il y avait quelque chose incompréhensible dans l’ambiance, je sentait bien que des habitants du village plus proche et des visiteurs avaient marché par ces chemins et avaient laissé des empreintes un peu partout, mais le silence, l’eau et le vent finiraient, comme toujours, pour effacer leur passage.
Une brûlure à l’épaule, j’ai reçu une brûlure à l’épaule et je les ai vu s’approcher, j’ai essayé de courir, de m’en fuir, mais je suis tombé dans le noir. Après, des voix, des lumières dans mes pupilles, envies de vomir, mouvements incontrôlables, j’ai vomi, une cage, une autre cage, bruits de moteurs, de différents moteurs, une dernière secousse et... je me suis trouvé ici, dans une autre montagne, dans une montagne que n’est pas la mienne, et avec ce collier qu’ils m’ont mis, je sais que je dois le rompre, parce que les ennemis me l’ont mis pour savoir où je suis, pour savoir si je m’accouple ou non avec les femelles qui sont par la montagne, mais je ne veux pas qu’on m’observe quand j’aime, ça me semble de la pornographie, et ils peuvent être des voyeurs ces ennemis, je suis un solitaire, un simple ours solitaire.
Faites moi la paix, j’aime le silence de la nuit et la musique des insectes, de l’eau et du vent.     

viernes, 3 de agosto de 2018

PORNOGRAFÍA JUDICIAL

Alguna vez he escrito sobre el aburrimiento de los futbolistas en las concentraciones ya sea por un partido, un torneo o por una gira o una preparación de temporada. Algunos de estos jóvenes aprovechan estas largas horas sin mucho qué hacer para estudiar y prepararse un futuro pero otros, quizá la mayoría, para jugar, a veces a juegos de azar en el que arriesgan cifras de dinero que causan vergüenza ajena, otras veces para jugar a juegos más hormonales, esto es, relacionados con sus actividades sexuales.
Una actividad que se da en tales concentraciones es la exhibición de los videos o clips en que se da rienda suelta al afán de exhibicionismo y de protagonismo de los aburridos jóvenes con las proezas pornográficas que han realizado tanto individualmente como en manada… incluso se puede decir que algunos realizan tales actividades con jovencitas, ya que el dinero y la fama siempre han atraído a descerebradas, para poder grabarlas y enseñarlas posteriormente en la concentración. La existencia de esta actividad pornográfica ha trascendido en los medios por algunos casos en que ha habido intervención policial o judicial.
Las hormonas sexuales y el dinero abundante no son solo patrimonio de jóvenes futbolistas, sino que hay quien tiene además poder añadido,  como por ejemplo los jueces, tanto machos como hembras.
Hoy me desayuno con que un policía corrupto - lo de corrupto es por decir algo-, ha ofrecido un video porno de un juez corrupto – repito un calificativo sobrante-,  a alguien para hacer un chantaje. Y esto me recuerda aquellas fotos impropias que un exhibicionista de vida aburrida e intrascendente me mostró en su lugar de trabajo hace muchos años; no eran pornografía pero eran imágenes de las que, si aparecieran colgadas en Facebook, pueden costar una negativa a un nuevo contrato de trabajo por ejemplo o la dimisión de un personaje público en cualquier país europeo menos en éste, y en aquellas fotos aireadas había miembros de la judicatura bien aireados. No sé si los mismos personajes, judiciales o no, que protagonizaban un vídeo, éste sí pornográfico, que poco después la misma persona propició que yo viera; por razones de defensa propia, solo vi unos instantes de pésima calidad cinematográfica y ni siquiera me fijé en los rostros de quien actuaba, pero últimamente pienso - algunas frases confidenciales aparecidas en redes sociales me lo hacen pensar-,  que no he sido el único espectador de tal material erótico o pornográfico relacionado con aquellas vidas aburridas e intrascendentes y que quizá alguien lo conserva por ahí ¿Para qué? No sé la verdad, aunque su existencia me explicaría muchas cosas que pasan por mi barrio, en la rivera derecha del Urumea.