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jueves, 20 de mayo de 2021

Brève rencontre à Paris

Aristide Labarthe essayait de se souvenir des paroles de «Nini, peau d'chien» la vieille chanson d'un autre Aristide, Aristide Bruant, alors qu'il se promenait dans les rues de Paris, près de la place de la Bastille, portant son masque bleu, plus bleu que le ciel gris du matin de mai qui l'accompagnait.



L'hydrogel du cabinet ministériel où il avait passé la matinée - il y a des choses délicates qui ne peuvent pas être faites par télématique dans la bureaucratie - avait laissé l'épiderme de ses mains doux comme la peau d'une parisienne, peut-être s'appelait-elle Catherine Catherine comme cette amourette qui a eu un été dans sa lointaine adolescence.

Catherine était la nièce parisienne d'un chef réputé dans un restaurant de la Côte Basque et passait une partie des vacances d'été chez son oncle et sa tante, occupée à promener leur chien, car le travail absorbant du mariage les empêchait de s'occuper du ridicule caniche. Le timide et myope Aristide a alterné le rugby sur la plage avec ses amis, qu'il pleuve ou non, avec des caresses et des caresses avec Catherine, mais elle a trouvé un amour plus fort à Paris et a arrêté de marcher su la plage estivale, sa peau blanche aux poils blonds. Aristide, quarante ans plus tard, se souvenait avec nostalgie de cette peau, tout en marchant le long des pavés de la rive droite de la Seine à la recherche d'une boulangerie pour acheter un sandwich, des bistrots et des restaurants fermés encore, pandémie oblige.

Brisant les gestes barrière, des mains douces et parfumées, un parfum inoubliable du passé, couvrirent les yeux d'Aristide et une voix de femme demanda avec une joie débordante:

- Qui suis-je?

Les étés des années 1980 tout à coup ont projeté une cascade d'images avec la bande-son de «Les lacs du Connemara» d’un Sardou permanent dans le cerveau d'Aristide.

- Catherine!

L'auteure de la surprise l'a giflé sur la joue droite, plaçant le masque sur son oreille gauche, montrant qu'elle était gauchère et Catherine était droitière.

- Con! Je suis Amélie.

Aristide  tentait de s'excuser en replaçant le masque, mais Amélie augmentait rapidement sa colère et, bien qu'elle ait cessé de pratiquer le décathlon quelques décennies auparavant, Amélie était toujours apparemment dans un état de forme enviable et, avec sa taille et son caractère, elle était capable de lui envoyer au sol devant la file d'attente des clients de l'établissement, ravis d'assister à la comédie que, brisant l’ennui, les deux leur proposaient spontanément.

- Bien sûr, Amélie, mon élève préférée, la championne d’athlétisme du lycée ... Comment ça va?

miércoles, 12 de mayo de 2021

Brève rencontre (Still life)

Aristide Labarthe intentaba recordar la letra de “Nini, peau d’chien” la vieja canción de otro Aristide, Aristide Bruant, mientras caminaba por las calles de París, cerca de la Plaza de la Bastilla, provisto de su mascarilla azul, más azul que el cielo gris de la mañana de mayo que le acompañaba.

El hidrogel de la oficina ministerial en la que había pasado la mañana - hay cosas delicadas que no se pueden hacer por vía telemática en la burocracia -, le había dejado la epidermis de las manos suave como la piel de una muchacha parisina, quizá se llamaba Catherine como aquella novia que tuvo un verano de su lejana adolescencia. 


Catherine era la sobrina parisina de un chef reputado de un restaurante de la Côte Basque y pasaba parte de las vacaciones de verano en casa de sus tíos, ocupada en pasear el perro de éstos, ya que el absorbente trabajo del matrimonio les impedía ocuparse del ridículo caniche. El tímido y miope Aristide alternaba el rugby en la playa con sus amigos, lloviera o no, con los cuidados y caricias a Catherine pero ésta encontró un amor más fuerte en París y dejó de pasear por Anglet su blanca epidermis con el rubio vello que Aristide, cuarenta años más tarde, recordaba nostálgicamente, caminando por los adoquines de la margen derecha del Sena en busca de una panadería donde comprar un bocadillo, estando cerrados los bistrós y restaurantes.

Rompiendo los gestos barrera, unas suaves manos perfumadas, un aroma inolvidable del pasado, taparon los ojos de Aristide y una voz femenina preguntó con alegría desbordante:

- ¿Quién soy?

Los veranos de los 80 proyectaron una cascada de imágenes con banda sonora de “Les lacs du Connemara” del incombustible Sardou en el cerebro de Aristide.

- ¡Catherine!

La autora de la sorpresa le soltó una bofetada en la mejilla derecha que le colocó la mascarilla en la oreja izquierda, poniendo en evidencia que era zurda y Catherine era diestra.

- ¡Gilipollas! Soy Amélie.

Aristide intentó excusarse pretextando la mascarilla, pero Amélie iba incrementando su enfado velozmente y, aunque había dejado de practicar el decathlón algunas décadas antes, Amélie seguía estando aparentemente en un estado de forma envidiable y con su envergadura y carácter era capaz de tumbarle delante de la cola de clientes del establecimiento, que asistían encantados a la comedia que los dos les ofrecían espontáneamente rompiendo el tedio.

- Claro, Amélie, mi alumna favorita, la campeona del liceo… ¿Cómo te va?


lunes, 1 de febrero de 2021

ARTE, INVERSIÓN, DESPILFARRO, GRATUIDAD Y DINERO PÚBLICO.

La escultura de Cristina Iglesias en la isla de Santa Clara me recuerda, por un lado, al inicio de la obra de teatro “Arte” de Yasmina Reza que reproduzco, con mi traducción del francés, al pie de este texto.


El arte contemporáneo urbano genera polémicas siempre. En nuestra ciudad las hubo con el monumento a Fleming de Eduardo Chillida, con la estela de Ugarte en la Plaza del Centenario, con el Peine del Viento del mismo Chillida y alguna otra que quizá se me escape. Creo que la de Oteiza en el Paseo Nuevo pasó sin tanto ruido en su momento.



Para empezar hay que creer que la escultura de Cristina Iglesias es arte. Y en el arte contemporáneo hay una línea de sombra muy tenue entre el arte y la estafa, de tal modo que solo los expertos saben explicarnos cuando nos encontramos ante arte o no. Como los expertos no se hacen sino que nacen, ya porque otros expertos los reconozcan como tales, casi siempre polemizando con ellos,  ya porque se autoproclamen como tales, no habiendo una facultad universitaria de reconocido prestigio que emita indiscutibles títulos de experto, es un lío referirse a un experto. Además el mercado del arte es igual de fiable que la Bolsa, así que solo dios, un dios omnisciente que tuviera conocimientos de arte, podría certificarnos que la “Merda d’artista” es una obra de arte o una cagada verdosa expuesta para regocijo de su autor.



En el sistema del mundo del arte actualmente imperan dos criterios para saber si algo es arte: que alguien haya pagado por poseer la pieza en cuestión o que los turistas vayan a hacerse fotos junto a la obra, lo cual también genera dinero. Pero es obvio que ninguno de estos criterios nos sacan de dudas.


Una vez leí que un experto decía que una “cosa” era arte por la intención del artista de hacer arte. O sea que el arte es una tautología en bucle, los artistas hacen arte y el arte es lo que hacen los artistas.  Pero al final, en mi opinión, discutible como todas las opiniones, lo que cuenta es si el arte le “habla” a Ud. Y Ud. “responde”, esto es, si sus sentimientos, emociones, cerebro o cartera dialogan con el producto artístico.


Pero es que, cuando el arte es urbano, estamos hablando de dinero público, de arte pagado por un administrador de nuestro dinero y este administrador siempre presenta el gasto como una inversión en el bien común, mientras que sus administrados puede ser que vean un evidente despilfarro y que miren las comisiones ocultas, quién se enriquece con el coste de la instalación, quién recibe recompensas sociales y otras menudencias, sobre todo, cuando la obra es, una vez más, gratis.


El trabajo de creación se dona por el artista a la ciudad de nuevo. Este gesto no es conmovedor para mi, es lo que me recuerda, por otra parte, una frase que escuché a mi abuelo, Gustavo Massé Garraus, decir enfadado a sus dos hijos, mi padre y mi tío, en mi niñez y que tardé en comprender un tiempo: “¿Sin pagar? Putas por putas, las más caras son las gratis”


Con todos los respetos a la artista local, lo gratis siempre tiene un precio -como se dice en Internet al hablar del mercado de datos -, y, como en ocasiones anteriores, cuanto menor es el precio publicado mayor es la parte del precio ennegrecida, así que esa intervención en la Isla de Santa Clara puede que no sea un gigantesco cubo infantil enterrado o un monumento escatológico al doméstico orinal, pero es seguro que va a recoger mucha mala leche donostiarra inevitablemente.


Sin acritud, lo que conozco de Cristina Iglesias no me gusta, y como mi gusto es lo que cuenta en mi criterio, no me parece arte, me parece papanatismo para “entendidos”. Lo de Chillida no me entusiasmaba ni me entusiasma, los hierros forjados con el sudor de la frente de los herreros que los hicieron no mejoran el entorno en que se incrustaron, pero me gustan los dibujos de Chillida y ya nos hemos acostumbrado a verlos allí (Dejo lo de “excrementos férricos” aparte, para no generar más polémica). De Oteiza me gustaba el personaje más que su obra escultórica, que también me gusta, y su aportación a la bahía es tan modesta como estética, además de ser una compensación necesaria. Esperemos que se compense a Esther Ferrer, ausente del marco comparable, dándole la oportunidad de intervenir el sagrado corazón del monte Urgull, por una vez, recibiría mi aplauso.

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ART, Yasmina Reza, Acto 1º.:


Marc (Solo): Mi amigo Serge ha comprado un cuadro.

Es un lienzo de aproximadamente 1,60 por 1,20 metros, pintado de blanco. El fondo es blanco y si parpadeas, puedes ver cenefas blancas finas a través de él.

Mi amigo Serge es amigo desde hace mucho tiempo. Es un chico de mucho éxito, es dermatólogo y le encanta el arte.

El lunes fui a ver el cuadro que Serge había adquirido el sábado pero que llevaba varios meses codiciando.

Una tela blanca, con bordes blancos.

.../...

Marc: Serge, ¿No compraste este cuadro por doscientos mil francos?

Serge: Pero amigo, ese es el precio. ¡Es un ANTRIOS!

Marc: ¡Compraste este cuadro por doscientos mil francos!

Serge: Estaba seguro de que te quedarías en lo superficial.

Marc: ¡¿Compraste esta mierda doscientos mil francos ?!


Serge (Como solo): Mi amigo Marc, que es un chico inteligente, un chico al que he estimado durante mucho tiempo, en una buena situación social, un ingeniero aeronáutico, es uno de esos nuevos intelectuales que, no contentos con ser enemigos de la modernidad, derivan en una incomprensible vanidad.

Desde hace poco hay una arrogancia verdaderamente asombrosa en el seguidor de los buenos viejos tiempos.



jueves, 28 de enero de 2021

NO QUERÍA


- ¿Estás arrepentido de algo de tu vida, Jon?

Habíamos hecho el amor, demasiado rápido, no estaba seguro de que ella hubiera disfrutado, yo tampoco había disfrutado mucho, consciente de la brevedad de mi empeño, ninguno de los dos, era evidente, queríamos dejarlo ahí, ella, recostada sobre su lado izquierdo, espléndidamente desnuda, más larga que yo, fumaba con su mano derecha, un cenicero improvisado entre los dos, dirigía el diálogo, haciendo las preguntas, que no esperaban una confesión sincera indudablemente.

- ¿Algo que no deberías haber hecho?

- No sé, he hecho cosas que no debería haber hecho, muchas, muchas veces, pero arrepentirse no es la palabra, no hay arrepentimiento, hay rabia por no poder reparar lo que se rompió, pero quizá no era consciente de que estaba haciendo daño, quizá lo que ahora me parece un error fue consecuencia del daño que ya estaba hecho antes.

- No me refiero a tu matrimonio, tampoco a que te hayas atrevido a acostarte conmigo. Los coitos adúlteros son meros incidentes del camino de una pareja, para mi carecen de importancia, yo lo hice cuando estaba casada, mi marido, y padre de mis hijos, saltaba sobre todo coño que se le pusiera a la distancia adecuada y podía ser irresistible ¡Dimelo a mi! Así que yo no me iba a enfadar con aquellas desgraciadas, aunque alguna se pusiera pesada con él y llegara a molestarme.

- Your cigarette is finished.

-  And my tailor is rich. Es que tenía la impresión, cuando has acabado, que seguías igual de tenso que cuando hemos entrado en la habitación, que tu conciencia de jesuita te estaba llamando al arrepentimiento, como que te sentías mal de estar conmigo, de disfrutar con el sexo…

Retiré la portada doblada de revista que había recogido cenizas y colilla y cuidadosamente la puse en la mesilla de mi lado de la cama, luego puse mi mano izquierda en su entrepierna y me aproximé a su cuerpo de papel áspero y alambre, empecé a besarle las cejas y la punta de la nariz, ella se dejaba hacer con la mente ausente, sin responder, sin reaccionar.

- ¿Qué es lo que más te gusta? - pregunté-.

- Los pezones, que me chupen los pezones, desde que di de mamar a mis hijos, es lo que más me gusta...

Ahora, tiempo después de aquella noche en el hotel, que recuerdo estas conversaciones con ella, me hago la pregunta “¿Estás arrepentido de algo en tu vida, Jon?”.  Me respondo con toda la sinceridad que puedo, nadie va a escuchar mi confesión.

- Me arrepiento de los treinta meses que siguieron a aquella primera noche, dos años y medio de mi vida perdidos a su lado, la primera noche tenía que haber sido la última, en aquel hotel aprendí todo lo que ella me pudo enseñar.


miércoles, 28 de octubre de 2020

LA MONTAÑA QUE NOS LLAMA

No sé cuándo salí al monte por primera vez, aunque supongo que sería a Igueldo o a Ulía y en coche con mi abuelo paterno que era quien nos subía hasta donde aparcaba, él se quedaba oyendo la radio y sus nietos subíamos hasta la punta de Mendizorrotz, donde había una placa a un muerto en el “Glorioso alzamiento nacional” creo, o bajábamos hasta las fortificaciones defensivas debajo del tiro al plato de Ulía. Luego vinieron las excursiones con el colegio de los jesuitas al mismo Ulía o a Jaizkibel, al principio, después los campamentos escolares en la Selva de Oza y en el Valle de Belagua que me descubrieron los Pirineos, en medio las primeras excursiones con la cuadrilla de adolescentes a cumbres guipuzcoanas y a cuevas navarras… nunca me llevaron mis padres ni mis hermanos mayores, no estaba en el adn familiar, mi abuelo nos llevaba al monte o al río Bidasoa por una suerte de deber con la abuela o una especie de coartada para poder salir de casa, no parecía feliz por la presencia de los niños, al menos, de mi presencia.

La familia materna de mi novia, y luego esposa, era de Villanúa, donde conservaba una casa, así que a los 22 años me topé de nuevo con los Pirineos y los Pirineos tomaron mi alma, su naturaleza me hizo sentirme pequeño, me puso en la dimensión del hombre frente a la tierra, marchar, ascender, trepar, sudar, sufrir, volver, descansar, recuperar… y, sobre todo, pensar. La montaña es una invitación al pensamiento, a darte cuenta de tu cuerpo, de tus fuerzas y debilidades frente a la subida, frente al peligro, frente a una fuerza que con un rayo, un desprendimiento, un mal golpe, una víbora – es lo que más temo -, un resbalón… puede apagar para siempre la luz. La montaña es vida y es muerte y porque es muerte es vida.


La montaña que nos llama en estos tiempos de peste, cuando un virus ha saltado de la naturaleza al hombre para ponerle en su dimensión, en su verdadera dimensión y el hombre no se quiere enterar. La montaña que nos acogerá de nuevo cuando nos lo merezcamos.


viernes, 9 de octubre de 2020

LA FELICIDAD ESTÁ EN EL CAMPO

 Últimamente, más que en ningún otro sitio, vivo en una comarca de patos, maíz, pinos, uvas y subvenciones de Bruselas, donde el suicidio lento al anisado, al armagnac o al vino junto con el suicidio expeditivo a la escopeta de caza o a la cuerda en el granero son una realidad por encima de las estadísticas. Es el campo, donde vivo. Las ciudades, pequeñas, los pueblos, dormidos, carecen de vida hasta que las fiestas patronales estallan. Es una sociedad que agoniza, la sociedad de la agricultura y, a la vez, es la sociedad que nos permite vivir en la sociedad tecnológica y es una sociedad de personas en peligro de extinción como dicen las alarmas que se asoman a los medios de difusión, así que los expertos de traje y corbata y las expertas de traje y pendientes de lujo se reúnen para hacer planes que impidan ese ocaso pertinaz, los planes quedan muy bonitos en las estanterías, mientras las leyes del capitalismo inevitablemente dejan atrás las resoluciones más brillantes de los centros de poder, por lo que hay que reunir de nuevo a expertos y a expertas -buena ocasión para estrenar nueva corbata o nuevos pendientes -, para que hagan más planes. Últimamente vivo en una comarca en la que hay que ir en coche a hacer la compra en un centro comercial porque no hay tiendas cerca ni servicios públicos de transporte a los hipermercados, en la que se va al médico en coche propio si es leve y en el del vecino si es grave lo que pasa, en la que los niños se esfuerzan en ir a la escuela aunque sea haciendo triathlon, en la que materialmente falta lo que sobra en la ciudad pero inmaterialmente sobra lo que falta en la ciudad, pero no lo sabemos, no lo saben. Es el campo, donde vivo. 


miércoles, 5 de agosto de 2020

REBANADAS DE LA VIDA: TIPICA HISTORIA

Prôlogo: El texto está escrito con un teclado francés. El original hablaba de C. y no de Cathérine. Al publicarlo en castellano me ha parecido que el uso de una inicial "cosificaba" a una persona, la protagonista de esta "tranche de vie".

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Aristide Labarthe, cuando sus hijas eran unas preadolescentes, contrató una baby-sitter, en realidad la contrató su mujer, para que cuidase de las mismas durante las vacaciones escolares de verano mientras que el matrimonio trabajaba. Las pequeñas Labarthe, un par de crías de 10 y 12 años, permanecían en casa en Baiona o iban a alguna de las playas cercanas con Cathérine que cuidaba de que comieran lo que su madre había dejado preparado o de que no se tostasen demasiado. Habitualmente Cathérine, que tenía 16 años o poco más, llegaba para el desayuno sobre las 9 de la mañana y desaparecía para la merienda sobre las 5 de la tarde, o sea que, como él salía de casa hacia las 8 y regresaba hacia las 7, apenas conocía su rostro. Pero la señora de Labarthe había alquilado una casa en los Pirineos para pasar unas vacaciones en familia y tuvo la idea de invitar a Cathérine para que les acompañase como una más de la familia, sin obligación de trabajar aunque le pagase el salario como hasta entonces. Y Cathérine les acompañó. La casa era un gran chalet destartalado en Luz-Saint Sauveur con cocina, sala, comedor y el dormitorio del matrimonio en la planta baja y más dormitorios en una primera planta, un jardín con diferentes tipos de hierbas más o menos cuidadas rodeaba la construcción. Las excursiones se sucedían, visitando lagos, picos y circos de montaña, a veces descansaban en el pueblo yendo a la piscina municipal o a un balneario. Cathérine parecía la hija mayor y se responsabilizaba de las otras niñas espontáneamente. El matrimonio estaba encantado con su compañía.Cuando la quincena tocaba a su fin, una tarde al regreso de una excursión más dura de lo normal, la señora Labarthe ocupó la sala de baño de abajo para ella sola y remitió a su esposo a la ducha del primer piso, asî que Aristide se resignó a entrar en un encharcado cuarto de aseo porque sus hijas, después de un rápido paso por el agua y el jabón ya se encontraban jugando en el jardín. Cuando Aristide abrió la puerta y vio a Cathérine reflejada en el vaho del espejo, la imagen de una mujer desnuda en el vapor del ambiente, no la reconoció, quizá por eso se quedó paralizado mirando el cuerpo blanco, la cara, el cuello, los brazos oscurecidos por el sol del dîa, el pubis triangular de pelo negro…

-¿Quieres ducharte? Ya he acabado – Cathérine dijo saliendo de la bañera y secándose la cara con la toalla frente al espejo, su culo absolutamente blanco le deslumbró -, la fregona está detrás de la puerta.

Cathérine se enrolló la toalla y se volvió.

- ¿Me dejas pasar? Me voy a secar en mi cuarto.

Aristide se apartó sonrojado.

El verano se acabó, pasó el tiempo, mucho tiempo, quizá 20 o 30 años, sin que Aristide tuviera noticias de Cathérine. Aristide y su mujer siguieron las etapas de la vida sin separarse mucho, las hijas se casaron, también llegaron nietos. Las rutinas se alternaban con pocas sorpresas hasta que hubo un funeral de esos a los que hay que ir inevitablemente, el funeral de un pariente cercano, un anciano hermano de su padre y que era el último de aquella generación. Aristide fue solo, la ceremonia era en un pueblo remoto de un departamento pirenaico y en pleno invierno, llegar fue una aventura, al entrar en la iglesia a las 2 de la tarde caían copos de nieve y a la salida, los que portaban el féretro al cementerio justo al lado del atrio apenas se percibían desde unos metros de distancia por la nevada que mansamente caía. Aristide pensó que ya había cubierto su papel y se fue quedando descolgado del pelotón con la idea de ponerse a buscar su coche en el paisaje navideño que se iba quedando.

- No has cambiado nada, Aristide.

Una mujer le agarró del brazo por detrás y le hizo girarse para recibir unos besos en las mejillas.

- !Cathérine ! !Eres Cathérine!

- !Me has reconocido! Pues yo sí he cambiado encerrada en este poblacho del fin del mundo ¿Cómo está tu mujer?¿Y las niñas?¿Tendrás nietos ya, supongo?

Siguieron la bajada a tierra del ataúd alejados de las últimas filas, poniéndose al día mutuamente de años de sus vidas respectivas, algunos asistentes se volvían de vez en cuando con aires reprobatorios.

No había un bar ni similar abierto en bastantes kilómetros a la redonda. Cathérine le invitó a su casa, vivía sola, su ultimo marido se había muerto dueño de todas las riquezas del valle, las cuales le daban para vivir allí con cierto confort pero no para, vendiéndolas, poder vivir en la civilización.

- Es de noche y con esta nevada te tendrás que quedar a dormir, te prepararé la habitación de invitados – dijo al entrar en el calor de la vivienda-, no me podría perdonar que te pasase algo por mandarte a dormir al refugio de más abajo en el valle.

- No sé, tengo que avisarle a mi mujer – mintió Aristide, su mujer le había dicho que no se le ocurriese volver con el temporal anunciado -, se pondrá celosa si le digo que me quedo a dormir en casa de una dama tan bella.

- Halagador. Ya se lo digo yo – pâsame el teléfono.

Las mujeres hablaron un buen rato, Aristide, siguiendo indicaciones por señas de Cathérine, sirvió unos vasos de whisky. Luego de colgar Cathérine preparó una cena sin dejar de beber ni hablar. Una y el otro hablaron sobre todos los temas de sus biografías, sobre todos, la vida sentimental y laboral de Cathérine había sido tumultuosa hasta que, cuando aun joven y dinámica hubo alcanzado la calma en aquel aburrido paraíso rural de l’Ariège, el difunto tuvo el detalle ése, morirse, dejándole descansar en medio de ninguna parte. Aristide tenía menos cosas que contar y tuvo menos oportunidad de contarlas. Frente a la chimeneta, sentados los dos en el sofá, las horas iban pasando en una intimidad cada vez más envolvente. Aristide le contó la escena del baño, cuando se tropezó con su cuerpo desnudo, aquella imagen en el espejo…

- No me acuerdo de nada de eso, yo era una niña y tû más viejo que mi padre, para mi era como estar desnuda delante de mi padre, supongo – dijo Cathérine levantándose y dándole la mano – pero nos hemos olvidado de preparar la cama de invitados, así que tendrás que acostarte conmigo y ahora ni yo soy una niña ni tû un viejo ¿Qué son veinte o treinta años?

viernes, 24 de julio de 2020

LES PRISONNIERS DE BIARRITZ MIARRITZEKO PRESOAK

Maïder agurgarria :
J’ai le privilège de vivre au centre de Biarritz, quartier des Halles – Port Vieux, et je suis un prisonnier de l’hôtellerie.
Une fois plus, on a décidé de nous enfermer, de nous priver de nos droits de citoyen à bouger librement, on nous entoure de barrières et de contrôles, on nous entoure de réunions de touristes masqués et pas masqués, de touristes non – positifs et des positifs… Qui va être responsable des contaminations à la COVID19 à venir ? La chiffe d’affaires de l’hôtellerie biarrote passe devant la vie de quelques vieux déjà amortis.
On a vu ça pour le marché nocturne, pour la connerie du G7, pour les mardis du port vieux qui nous obligent à la prison ou à l’exile.
Et pourtant le tourisme tue la ville et tue les citoyens, le cœur de ville devient une grande boutique de souvenirs et un bar de mal bouffe pour les troupeaux de touristes et les personnes qui y habitent perdent ses racines, perdent sa vie, s’en vont, s’en meurent et on se demande pour quoi le cinéma le Royal agonisse.
Pensez avec la tête ´- là dedans je suppose qu’il y a des neurones -, laisser aux hôteliers convertir Biarritz en Magaluf est tuer Biarritz et quand Biarritz n’existera pas vous pleurerez mais ça sera trop tard pour vous et pour nous.
Agur bero bat.


sábado, 4 de julio de 2020

CAMPING CARS, AUTOCARAVANAS, FURGONETAS…


Hay gente que viaja en vehículos que están preparados para dormir en ellos, algunos incluso para cocinar y asearse en los mismos. Tienen todo el derecho a hacerlo como los que viajan en cualquier otro vehículo. También tienen deberes, como ciudadanos que son. Y además como su actividad tiene aspectos molestos para los demás ciudadanos como la basura de vivienda que generan, incluyendo los desechos fisiológicos, la ocupación temporal de plazas de estacionamiento y de terrenos públicos o privados ajenos con sus vehículos y sus “terrazas”, la lentitud en ruta… tienen el elemental deber de hacerse cargo de estas molestias y de pagar por los servicios que usan. Y en la sociedad hay buenos y malos miembros, y como la sociedad de usuarios de estos vehículos-dormitorio es cada vez más numerosa, cada vez hay más buenos usuarios y cada vez hay más malos usuarios, siendo éstos tan numerosos hoy en día que tapan a los otros a los ojos de muchos habitantes de los lugares que los reciben -se beneficien mucho, poco o nada de este tipo de turismo -, y a los ojos de muchos que también visitan de otra manera los mismos lugares. Es de entender el artículo de este señor que habla de "La plaga de autocaravanas", sin entrar en polémicas tan estériles como es la discusión sobre los perros urbanitas por los parques naturales. Y que conste: ni mi furgoneta ni mi perro molestan a nadie, no existen.

España cañí

martes, 25 de diciembre de 2018

BECARIAS (FICCIÓN)

Cuando se anda en torno al medio siglo de edad la rutina diaria es un río que te lleva por la vida sin necesidad de tomar continuamente decisiones. Por costumbre, después de comer me quedo dormido delante de la televisión hasta que empiezan las noticias, veo los titulares y me voy a trabajar. Aquella tarde, al despertarme, mi mujer me pasó una bolsa de viaje y me dijo:
- Esta noche no duermes aquí, ha llamado “el gerente” y ha dicho que os tenéis que ir de viaje a un acto en la Cámara de Comercio en Pau y que luego tenéis cena y otra reunión por la mañana y no sé qué más…
Lo de gerente es el calificativo que mi esposa le da a mi socio, y todo aquello sonaba a un embuste del mismo para alguna de sus embarcadas, así que cogí el libro que estaba leyendo aquellos días “El Proceso Estratégico, Conceptos, Contextos y Casos” de Henry Mintzberg junto a la bolsa,  llegué a la oficina y, sin tiempo para explicaciones, el colega me llevó a un taxi que nos esperaba frente al portal. Solo dentro del taxi me hizo un breve esquema de lo que me esperaba.
- Había quedado hoy para irme de excursión con el amigo Ignacio y un par de estudiantes a las que íbamos a ayudar económicamente, pero se ha muerto su suegro, y como tengo todo organizado -me metió en el bolsillo de la chaqueta una caja de condones-, y no tienes nada importante en la agenda ni para hoy ni para mañana, te vienes conmigo.
- ¿Y tu coche? - El coche del socio es un deportivo colorado de esos que, según los antropólogos, el mono desnudo usa como sustituto del pene para atraer a las hembras -.
- Ahora lo recogemos, tranquilo.
El taxi nos dejó a la puerta de un hotel en el barrio de Aiete y, cuando nos disponíamos a entrar, llegó el coche deportivo junto a nosotros. Lo conducía una veinteañera guapísima y muy elegante, junto a ella, otra chica, poco más joven, de similar apariencia externa, la conductora pasó a los asientos de atrás después de entregar las llaves y de las simpáticas presentaciones. Ambas se llamaban Idoia, así que a partir de aquel momento pasaron a ser Idoia I o senior e Idoia II o junior para evitar confusiones. En la parte de atrás del coche no cabe un vasco de tipo normal y, aunque yo soy del tipo guipuzcoano pequeño, Idoia I y yo estábamos estrechamente unidos desde el principio, lo que era bastante agradable porque además su perfume me abrigaba muy confortablemente.
El viaje a Dax – porque era a Dax a donde íbamos -, se pasó rápido, mi socio estaba inspirado y relataba historias locas, algunas conmigo como protagonista, que, por imposibles, nos hacían reír sinceramente a los cuatro. Mi compañera de asiento me contaba trazos de su vida de niña navarra de familia numerosa, venida a estudiar a Donostia, último año de carrera universitaria, mañana es el Santo Patrón de la Universidad, la otra Idoia tiene que hacer un trabajo sobre los aspectos turísticos de Dax etc Cuando yo tenía que corresponderle con mis datos biográficos, le contaba la vida de mi primo Jorge, que me la conozco bien y es más interesante que la mía, además nunca cuento mi vida a desconocidas.  De vez en cuando me despeinaba el flequillo y me decía sonriendo que le recordaba a su profesor de Derecho del Trabajo.
Paramos en nuestra meta, un hotel que fue moderno entre las dos guerras del siglo XX pero que se conservaba espléndidamente, de hecho se llama Le Splendide, alguien se encargó del coche y de los equipajes. La suite, allí me enteré que íbamos a compartir una suite como consecuencia de la oferta a la que se había acogido el organizador de la excursión, tenía vistas al río Adour y, contemplándolas desde la terraza, me puse detrás de Idoia I y empecé unas maniobras manuales hacia sus senos – no puedo resistir unas tetas a corta distancia y en el coche las tenía más cerca de mi cuello que de mis manos -, pero ella me dijo:
- Dile a éste que se espere – y me tamborileó con sus dedos en la erección -, que las tiendas aquí cierran pronto y ahora toca shopping, que no fucking.
Nos fuimos de tiendas, hay un par de boutiques chics de modistas y de prêt à porter en Dax, en las que las chicas encontraron unos trapitos a precios imbatibles y que mi socio pagó en efectivo sin que las encargadas se sorprendieran en absoluto, a pesar del importe de las facturas. Nuestras acompañantes se lo estaban pasando muy bien por las muestras expresivas de afecto que nos prodigaban. No creo que en las tiendas pensaran que éramos los tíos ricos que han sacado de paseo a sus sobrinas. Aproveché para comprar cuadernos de dibujo Moleskin y Calepino para mi mujer, a la que quiero mucho y  siempre le traigo algo de arte de mis viajes.
Luego fuimos a tomar una copa para recuperarnos y regresamos para cenar al hotel, besándonos y acariciándonos un poco confusamente – creo que llegué a besarle a mi socio en la boca y con lengua -,  llegamos  cuando los últimos ancianos abandonaban el restaurante, sin embargo, nos atendieron sin problemas.
Después de una cena de vinos excelentes y de bellas decoraciones en platos con exigua alimentación, aunque las chicas querían salir a tomar algo fuera, la obscuridad de la noche y la ausencia de vida humana por las calles de alrededor les convenció de que el bar del hotel no estaba nada mal con su ambiente “art deco”.
Mi entrepierna, con su vida independiente, me recordaba con frecuencia a qué habíamos venido a Dax, así que como las chicas tenían que levantarse bastante pronto para hacer la búsqueda de los datos para el trabajo de Idoia II, no había excusas para demorarse en aquellos gintonics.
A la hora de acostarnos en la suite, nos había tocado el dormitorio en el sorteo a Idoia senior y a mi, mientras que los otros tenían más espacio en el salón de la suite, en una cama grande pero ligeramente más estrecha, yo, lavados los dientes, los preservativos sobre la mesilla, acicalado, desnudo y preparado para la acción, esperé que ella saliese del cuarto de baño. Salió desnuda y no apagó la luz principal hasta que estuvo segura de mi conmoción al contemplarla. Se metió en la cama, después de dejar unos sobres de condones bajo la almohada y, a la luz de la cabecera, se me colocó como una maja de cuadro pero en mejor, y mi mano corrió hacia la mata de pelo negro y ensortijado de su pubis.
- No te precipites – me dijo, cogiéndome la mano -, acariciame con delicadeza, por favor y, vamos a hablar un poco antes, quiero que me acaricies los oídos con tus palabras, me gusta cómo hablas, dime cosas bonitas…
Yo soy más de erotismo que de pornografía. Ya sé que la diferencia entre uno y otra es pequeña, de los pocos segundos en que se tarda en clavarla, que es de lo que se trata, de una u otra manera, así que empecé a hablarle con las delicadas palabras de los modernos poetas andaluces y enseguida me di cuenta de que se dormía, así que me puse encima de ella y le abrí de piernas, sin callarme en mis metáforas. Ella me musitó “Ponte el condón” con los ojos entrecerrados y creo que batí mi mejor marca personal en eyaculación precoz. Ella ya estaba dormida del todo cuando acabé y yo caí inmediatamente en el sueño.
Amaneció un día de niebla, esa niebla cegadora por brillante de Las Landas, ella estaba dormida, apenas su respiración se oía. Su contemplación, la naturaleza, la biología y todas las circunstancias llevaban a una sola meta. Ella musitó de nuevo “Ponte el condón” sin abrir los ojos, luego emitía, con mis sacudidas, unos maulliditos como de satisfacción en mi oído, sin duda aprendidos en una escuela de modelos y azafatas. Y después del coito matutino me volví a quedar dormido.
Al volver a despertarme, las dos chicas ya estaban despidiéndose de mi socio para irse a explorar la ciudad o lo que fuera que iban a hacer, salí a interesarme y desayunar lo que me hubieran dejado, cuando éste les daba un anticipo de beca, algunos billetes de 200 euros me pareció, por si acaso.
Los hombres teníamos reservados un circuito de spa en el propio balneario del hotel y allí nos fuimos. Mi socio se quedaba dormido por las bañeras y no hablaba apenas, solo para decirme que a la vuelta tendría que conducir yo porque él no había pegado apenas ojo durante la noche.
Cuando nos avisaron que las chicas habían vuelto y nos esperaban en el hall de la zona de baños, salimos los dos en albornoz y nos las encontramos radiantes y luminosas con alguna bolsa de zapatería – unos zapatos irresistibles que vieron casualmente en un escaparate -, y otras de folletos  recogidos de la oficina de Turismo Oficial. Mi Idoia se empeñó en mostrarme  las fotos que habían hecho y se habían hecho por fuentes, criptas, museos, iglesias, plaza de toros… en las que lógicamente nosotros no salíamos - la mejor manera de que imágenes comprometedoras no circulen por ahí es no hacerlas -, mientras los otros dos subían a hacer los equipajes a la suite, aunque no habían sonado las 12 y la hora límite de salida eran las 14 horas, queríamos estar de vuelta en la ciudad para esta hora.
Al entrar nosotros dos en la suite nos encontramos que en la sala-dormitorio el otro par de excursionistas estaba acabando en una desnudez absoluta de degustarse mutuamente sus zonas genitales y no nos prestaron ninguna atención. Aquella visión me causó efecto bajo el albornoz, así que le llevé a Idoia I a nuestra habitación, le bajé los pantalones y las bragas, llevaba una chaqueta de piel sobre la blusa que le quedaba de película, y le hice inclinarse de espaldas a mí, con su colaboración, sobre la cama. No caí en la tentación de penetrar su orificio de salida, más que nada por no perder el tiempo con los preparativos necesarios, así que entré por la vía más convencional. Le hice el favor de ponerme el condón sin que me lo pidiera y ella me hizo el favor de simular un pequeño orgasmo sin que se lo pidiera, al fin y al cabo, no habíamos venido hasta Dax para hacer compras, cenar, dormir, un poco de termas y algo de arqueología.
El viaje de vuelta, mi socio condujo en silencio, fue muy rápido, a la máxima velocidad posible entre radar y radar, Idoia II dormía profundamente delante y mi Idoia y yo continuábamos conversando con ese afecto mutuo que a veces se coge follando.
Les dejamos a las dos chicas en la parada de taxis de la estación del Norte, mi socio les entregó los sobres con el resto del importe de las becas y fuimos a comer a una taberna-restaurante de Gros en el último servicio de comidas, donde yo le pregunté:
- ¿Qué te pasa que estás con esa cara de preocupado todo el rato?
- ¡Que era virgen, hostias! ¡Que era virgen! ¡No me jodas! Nunca había follado con una virgen y sabes lo peligroso que es desvirgar a una tía, que luego se quedan colgadas de uno y no te dejan en paz.
     La preocupación de mi socio se disolvió en el tiempo, yo me acordé en ese momento de que me había dejado “El Proceso Estratégico, Conceptos, Contextos y Casos” de Henry Mintzberg en la mesilla de la suite pero no lo volví a echar de menos nunca y no me lo volví a encontrar en la vida, a Idoia y a Idoia tampoco. Cuando se anda en torno al medio siglo de edad la rutina diaria es un río que te lleva por la vida sin necesidad de tomar continuamente decisiones.

martes, 16 de octubre de 2018

EL CASO DE LUXEMBURGO

Luxemburgo es un centro financiero – más de 4.000 bancos actúan en este país-,  especializado fundamentalmente  en todos, absolutamente en todos los existentes, servicios de banca y finanzas para los no-residentes.
Ciudadanos y entidades de toda clase de los demás países europeos hacen pasar sus inversiones por Luxemburgo, se estima que más de 1.200 fondos de pensiones o de inversión operan desde Luxemburgo y que unos 10.000 holdings y grupos empresariales tienen su sede fiscal en él.
De fácil comunicación, a diferencia de las Islas Cayman, Singapur o Hong Kong o las mismas islas y peñones de soberanía británica que rodean la frontera continental, para la élite financiera europea sigue siendo uno de los principales centros financieros del mundo sin que se le considere legalmente como un paraíso fiscal, a pesar de la flexibilidad que demuestran a diario las autoridades luxemburguesas con los impuestos a los ricos . Así es el primer centro de banca privada y de reaseguros de la Eurozona
Cumpliendo con los deberes de comunicación a las Haciendas Españolas, es legal aprovecharse de las ventajas de la legislación fiscal y bancaria de Luxemburgo que además cuenta con bandera de
navegación y, sin mar, “dispone” de una flota diversificada de buques.

martes, 12 de junio de 2018

THÉÂTRE DU VERSANT



Las representaciones del espectáculo "De l'autre côté du Versant" son a las 5,30 y a las 8,30 del 1 de julio en el Théâtre du Versant, 11 rue Pelletier, cerca del Lago Marion, Biarritz.
Unos textos que hago en plan monólogo, entre otros, son adaptaciones/traducciones mías de textos en castellano y que también están en este blog, aunque se han acortado y variado para que encajen en el show.

“Le théâtre du Versant” de Biarritz es una compañía profesional de teatro que reside en Biarritz donde cuenta con instalaciones propias. 11 rue Pelletier, cerca del Lac Marion. Produce obras que están en gira permanente en Francia y en toda la “Francofonía” y a la vez es un centro internacional de investigaciones teatrales con numerosos intercambios con compañías teatrales de México, Togo, Mali, Burkina-Fasso, Venezuela, Martinica, La Reunión, Marruecos y Madagascar y la realización de periódicos coloquios internacionales Norte-Sur.

Todos los cursos, sus miembros, director y actores dirigen distintos talleres para aficionados tanto en la sede, que cuenta con un plató con un aforo de 50 espectadores, como en centros de enseñanza del B.A.B. 

Información, contratación, utilización de instalaciones y plató  en el teléfono (0)5 59 230 230/(0)5 59 231 000 o por correo electrónico en theatre-versant@wanadoo.fr

Representación en el plató de Théâtre du Versant

domingo, 28 de enero de 2018

DÓNDE COMER EN BIARRITZ

Me suelen preguntar - incluso Mikel Corcuera que lo sabe perfectamente -, dónde comer en Biarritz y suelo responder: depende ¿Dónde estás? ¿Qué hora? ¿Qué presupuesto? Pero, por una vez, voy a hacer una lista de sitios en los que no me importa repetir y que suelen estar abiertos a horas de comer donostiarras, aunque no conviene abusar en el horario en ningún caso, pasarse de las 14,30 al mediodía o de las 21 a la noche y pretender que te sonrían además es una tontería. No gritar, decir "s'il vous plaît" y "merci" ayuda bastante a ser bien atendidos. 
Hay más sitios, no pretendo hacer una lista exhaustiva sino estrictamente los lugares a los que se puede ir, según mi criterio personal, o sea, a los que voy con cierta frecuencia. Como siempre en Francia, hay que fijarse en las fórmulas, menús del día, sugestiones, platos recomendados etcª y entenderlos, antes de pedir nada.
El orden es aleatorio, he empezado por los alrededores del mercado porque es un barrio con cierto ambientillo agradable para aperitivos de mediodía o de tarde, aunque los cazadores de turistas lo saben y van copando cuantos locales pueden, porque hay mucha gente siempre.

- Le Bar du Marché
8, rue des Halles 64200 Biarritz
Productos de calidad, cocinados con amor, buenos profesionales atendiendo, precios sin sorpresas. 
- L'Amiral
9. rue des Halles, 64200 Biarritz
Productos de calidad, cocinados con amor y gastronomía, buenos profesionales atendiendo, precios sin sorpresas.
- Le Petit Coin
26, rue Gambetta, 64 200 Biarritz
Productos de calidad, cocinados con amor, buenos profesionales atendiendo, precios sin sorpresas.
- Le rendez vous des Halles
 26 rue Gambetta, 64200 Biarritz
No es solo un bar de copas a la noche sino que, cuando está abierto al mediodía, ofrece cocina muy sencilla, nada sofisticada (ensaladas, hamburguesas, steak tartare...), vinos bien elegidos pero buena calidad.
- Le bistrot du Haou
43 Rue Gambetta, 64200 Biarritz
 Cocina interesante, exquisiteces sin florituras, bodega excelente, pero buena calidad y precio adecuado.
- Ragazzi da Peppone, 64200 Biarritz
10 Av. Victor Hugo
Pasta, pizzas, otros, calidad, porciones generosas, precio adecuado.
- Le bistrot des Halles
1 Rue du Centre, 64200 Biarritz
Cocina sencilla, nada sofisticada pero buena calidad y precio adecuado.
- Glouby
4 Rue du Port Vieux, 64200 Biarritz
Pizzeria, precio adecuado.
- Chez Coco
5 Rue Garderes, 64200 Biarritz,
Pizzeria, calidad, precio adecuado.
- Le O2 Verdun
49 Avenue de Verdun, 64200 Biarritz
Cocina sencilla, calidad cuidada y precios correctos.
- Les Platanes
7 Boulevard de la Mer, 64600 Anglet
Saliendo de Biarritz hacia la Chambre d’Amour
Cocina buena, algunas exquisiteces sin florituras, buena calidad y precio adecuado
- La Goulue
3 Rue Etienne Ardoin 64200 Biarritz
Cocina elaborada, productos buenos, cierto encanto, precios correctos.

jueves, 18 de enero de 2018

LOS PARANOICOS

Era un domingo soleado en Ezpeleta, Espelette en francés, incluso caluroso para la época del año. Tomás Guechogaña, el jubilado periodista vizcaíno, se paseaba por el artificial decorado del pueblo junto con su pareja actual Pernando Amezketagoitia, el bien dotado multiinstrumentista que tanto se prodiga en oficiales inauguraciones y eventos culturales. Junto a la atestada terraza de una taberna vieron a Jon Galtzagorri, con una bolsa de tienda en la mano, en actitud expectante.
- ¿Qué haces, Jon? -inquirió el mofletudo Tomás-.
- Hola joven. Aquí esperando que se vayan estos turistas para sentarme y ver si mi novia no se ha perdido por esas tiendas y aparece de una vez para comer algo ¡Que ya es hora!
Se sentaron los tres y, después de que la pareja sorbiera los primeros “pernods” y el resignado abogado una “pression” espumosa, se pusieron al día de sus últimas trayectorias vitales, ya que hacía algún tiempo que no se veían y así hacían tiempo bajo el otoñal cielo azul.
- Pues he comprado para el nieto madrileño de mi novia un juego de cartas de “Las 7 familias vascas” con la familia “Arrantzale”, la familia “Baserri”, la familia “Pilota”… -mostró el donostiarra el contenido de la bolsa-.
- ¡Qué folclóricos son estos hermanos de Iparralde!
-se rió el periodista-. Ahí faltan las familias de la mafia vasco-navarra…
- Se dice tejido social -cortó el músico-, no hace falta usar siempre expresiones peyorativas.
- Habría que poner la familia “Batzoki” que se creen los dueños del país, la familia “Opusdei” que tienen dinero, Iruña y la carretera general a Madrid, la familia socialista “Herrikoetxea” a los que más vales comprar un traje que invitarles a comer -proseguía lanzado el bilbaino-, la familia “Independentzia” dando miedo aun en su camino hacia el paraíso neardenthal…
- La familia “Zementu” repartiéndose las obras públicas -añadió Galtzagorri sumándose a la idea-, la familia “Iritzia” de los medios de difusión de lo que se les manda…
- Y la familia “Hitzkuntza” de los que viven de la lengua – completó Amezketagoitia con cierta sorna-, que parece que nunca acabarán de mamar.
- ¿No tenías un contacto con Heraclio Fournier?
En ese momento llegó una cuarentaañera guapa y alta, le sacaba una cabeza a Galtzagorri que no es pequeño, con unas cuantas bolsas de productos varios al caro pimentón vasco e inquirió:
- ¿Qué estás haciendo con éstos que se os oye reíros desde un kilómetro de distancia?
- Mariconeando un poco con las paranoias del país.


martes, 5 de diciembre de 2017

DIDASCALIA

Vivíamos en el barrio más pobre de Bogotá, Ciudad Bolívar, éramos muchos de familia, muchos niños, algunas mujeres, un solo hombre, mi papá, un campesino sin tierra, expulsado por el hambre vieja de una mierda de poblacho que estaba demasiado cerca de la guerrilla y todavía más cerca de los militares para poder encontrar algo con qué comer. Mi papá era bueno, trabajador de lo que fuera, nos pegaba lo normal, sabía leer y tenía una biblia que nos leía cuando podía, yo con 16 años nunca le había oído leerla, pero mi mamá me lo decía, éramos cristianos evangélicos seguidores del pastor principal del barrio e íbamos al templo todas las semanas. Yo era virgen con 16 años y siguiendo las enseñanzas de mi papá, de mi mamá y del pastor yo debía llegar virgen al matrimonio con mi esposo. Mi mamá, mi hermana mayor, tenía como un año más, y yo trabajábamos de limpiadoras en casas de buenas familias pero apenas nos llegaba para vivir y dábamos el diezmo al pastor todas las semanas con la promesa de que un dios bueno y justo nos lo rendiría multiplicado -aún estoy esperando-.
Cada semana nos bañábamos todos los hermanos, empezaba mi hermana mayor y acababa el más pequeño, los cuatro niños en el barreño, aprovechando el agua que se calentaba con todo lo que pudiera arder y que íbamos recogiendo por ahí. Luego nos poníamos las mejores ropas e íbamos a rezar y cantar que era lo mismo, dirigidos por el pastor y los diáconos, el mejor momento era la plática del pastor que nos taladraba hasta el fondo y nos hacía unirnos al cristo que nos iba a salvar.
Una vez al acabar el acto semanal, el pastor nos detuvo en la puerta y habló con mis padres, luego se acercó enorme a mí, sudoroso del esfuerzo realizado al predicar pero oliendo muy rico -siempre iba muy peripuesto y, al pasar a nuestro lado durante las ceremonias, dejaba un aura de paraíso
perfumado detrás suyo-, y el pastor me dio la mano y me hizo seguirle, yo estaba muy emocionada y con la sensación de haber sido elegida sobre todas las niñas de la comunidad, podía sentir la mirada de envidia de mi hermana mayor. Al llegar a la esquina el pastor me hizo entrar en su carro, un gran coche blanco de cristales oscuros, íbamos los dos sentados detrás en unos asientos de terciopelo, uno de los diáconos conducía, mientras el coche circulaba mullidamente no sé por dónde, porque yo observaba como la mano del pastor me desabrochaba la blusa y luego me acariciaba los pequeños pechos muy suavecito, muy despacito, su mano era más agradable que la de los compañeros que había tenido en la escuela cuando había ido ya hacía unos años o los vecinos que se decían mis novios solo para poder retorcerme los pezones hasta hacerme daño. El pastor hacía todo con mucha calma, sin prisas ni jadeos, sopesando aquellas pelotas morenas que se perdían en su mano, luego empecé a notar sus dedos bajo mi falda y a sentir un calor que se incrementaba en mi parte más íntima, uno de sus dedos tocaba una campanita en mi interior que de repente se puso a sonar, toda la sangre de mi cuerpo corrió a concentrarse en ese punto y lancé un gemido de mi interior agarrándome a sus ropas perfumadas y metiendo mi rostro acalorado contra su tripa, él me siguió acariciando y me decía palabras lindas: “niña bendita” “rosa apetitosa” “santa morenita”… luego me visitó y acomodó los vestidos. El coche se paró, o llevaba parado todo el rato, porque estábamos en el mismo punto al lado del templo, donde estaba la puerta del despacho del pastor. No sé si él me llevó en brazos o yo fui volando pero me encontré de repente en un lecho de nubes sin enaguas ni braga, la lengua del pastor me recorría los rizitos del pubis como las lenguas de los perros babosos hacen con los charcos después de haberse fatigado, nuevamente estalló el calor en aquella parte de mi ser. Entonces le vi erguido ante mí con su “cosa”, su vara de virilidad, fuera de los pantalones y me pidió que se la besara, yo lo hice, claro, mi pidió que se la besara muchas veces y él cerraba los ojos y encomendaba su alma a dios, con expresiones en su cara como las que cristo le enviaba cada semana en el culmen de su predicación, me pidió que parara y me separó las piernas. Le dije que yo era virgen y que me reservaba para mi esposo, él dijo: ¡Yo soy tu esposo! Y entró, a la vez que se derramaba dentro de mí haciéndome madre, porque supe desde ese instante que estaba embarazada, que aquel rito místico y lúbrico significaba que iba a dar a luz a un niño, a un santo niño. Él desapareció y entonces percibí que el chófer estaba presente, como desde el primer momento, tenía una cámara con la que me estaba grabando -debía de haber registrado todo lo que había pasado-, con una de sus manos me pasó una toalla con la que me pude limpiar los líquidos y la sangre que me resbalaban. Sin decir palabra esperó a que me vistiera y me llevó en una scooter hasta mi ranchito. Yo estaba que no estaba, ni el aire de la noche llegó a despertarme de aquel sueño incoherente. Mis padres me recibieron con una extraña alegría de risas festivas que nunca les había visto, nadie preguntó nada. A los días nos fuimos a vivir a un apartamento chico de un edificio de oficinas del centro de la ciudad, la vivienda del conserje, mis padres empezaron una nueva vida como conserjes, mi abuela y mis hermanos también mejoraron con aquella situación.

A los nueve meses tuve un hijo al que se le llamó Jesús Salvador y, poco tiempo después, la madre de Jesús Salvador, yo, pasó a otra vida, una vida de puta. Pero eso es otra historia que ya contaré otro día.

sábado, 2 de septiembre de 2017

QU’EST CE QU’IL SE PASSE À CATALOGNE?

Después de 60 años oyendo la pregunta: “Basque? Mais qu’est ce qu’il se passe au Pays Basque Espagnol?”; llevo un par de años con “Espagnol? Mais qu’est ce qu’il se passe à la Catalogne Espagnole?”; y uno empieza a explicar por cualquier extremo lo que sabe más o menos. A los 5 minutos ya nadie de la mesa te hace caso y puedes pedir que te sirvan un poco más de ese vino de Borgoña que está tan bueno. Así es Francia “Liberté, egalité et frivolité”.
Pero uno se pregunta a veces qué pasa en Cataluña. La historia política de lo que hoy es Cataluña produjo la situación en la que se encuentra esta región y el tiempo no tiene retroceso, lo que va a pasar mañana no va a arreglar lo que hicieron los dirigentes de la sociedad que existió por estas tierras hace 2, 4 ó 6 siglos, va a crear otro problema para la sociedad actual, la sociedad problemática actual, porque el problema catalán es Cataluña.
Esa Cataluña que se desgarra en un enfrentamiento civil inevitable en que unos y otros quieren imponerse en vez de seducir. La descripción de todo el nacionalismo catalán, como de todo el nacionalismo vasco, solo me sale hacerla en términos peyorativos. Me resulta difícil encontrar algún adjetivo positivo para el nacionalismo español e igual de difícil encontrarlo para el nacionalismo “antiespañol”, así que prefiero no describir a los dirigentes nacionalistas catalanes porque eso no contribuye en nada a buscar una salida -que no una solución-, al conflicto entre patriotas de distintas banderas con los mismos colores, solo decir que han demostrado las mismas cualidades éticas e intelectuales que los que ahora tienen enfrente.
Las Cataluñas reales -nunca ha habido una sola Cataluña ni la habrá, aunque sea más simple llamarla así-, de hoy tienen que buscarse un mínimo común múltiplo para seguir conviviendo lo primero y, de paso, buscar ese mínimo común múltiple a su alrededor, porque la geografía es muy cabrona, y alrededor de Cataluña está el resto de España, además de Andorra, y está Francia, esa Francia que hizo su revolución hace tiempo, y que tiene un cierto músculo aún y en la que ni los catalanes de Perpiñán que cantan La Marsellesa con más fervor patriótico que Els Segadors, que lo cantan menos que Paquito Chocolatero, ni los burócratas europeos de la Bolsa de París van a apoyar de verdad algo que no entienden pero que intuyen malo y quizá contagioso: “Qu’est ce qu’il se passe à Catalogne?”


 En Cataluña, territorio, pasan tantas cosas, tantas emociones, tantos sentimientos, tantas pasiones, como en cualquier otra sociedad humana, pero la razón, para aprovechar todo ello para el futuro, está tristemente ausente, como lo está en… dónde quiera que esté pensando.

viernes, 25 de agosto de 2017

PETIT CADEAU, REBANADA DE VERANO

- ¿Mala cara? ¿Mala cara, yo? En cuanto vi la cotorra me tenía que haber ido pero no me fui. No soporto los bichos en una casa pero cuando uno está caliente, muy caliente, ni te importa una cotorra, ni un camaleón, porque también había, en una especie de pecera, un camaleón… Es que tuvimos un torneo de rugby de ésos de veteranos en un pueblo o barrio por Burdeos. Y ya sabes lo del tercer tiempo, como hacía tiempo que no hacía una escapada, prolongué un poco el tercer tiempo con un par de tipos de nuestro equipo y un francés de la zona que se nos había apuntado. Así que para el cuarto o quinto
tiempo nuestro guía nos llevó al único establecimiento abierto a aquellas horas, una especie de discoteca para desesperados. Allí todos empezaron a hacer el gorila en la pista y yo me encontré con una chica en la barra, un estilo Naomí Campbell en más joven y en más pequeño, así que le recité el trozo del Cid de Corneille que me sé desde niño a la Paqui -le entendí que se llamaba Paqui, pero vete tú a saber-, y le invité a tomar una copa, estuvimos un rato charlando y luego pusieron unas piezas con un ritmo más apetecible y estuvimos bailando. Yo bailo mejor que Ryan Gosling, sobre todo con combustible en el torrente sanguíneo. Y en una de ésas me dice que vive por allí cerca y que si quiero ir con ella a su apartamento. Eso no me había pasado en los últimos 20 años por lo menos, desde… bueno, ésa es otra historia que no voy a contar ahora. Así que nos fuimos a su apartamento, que era más bien una habitación con cotorra, camaleón y una cama, no me fijé mucho en la decoración pero no debía estar mal. Ella y yo a lo nuestro, tomando posiciones en el lecho mientras que la cotorra ponía banda sonora en varias lenguas como si fuera un película pornográfica en una academia de idiomas. No conseguimos romper el colchón por muy poco y me quedé dormido por agotamiento. Cuando me sonó la alarma interior de que iba a perder el autobús del equipo para volver a Donostia, me levanté, busqué una ducha y una toalla con las que borrar las secuelas olfativas de la noche y me vestí para salir corriendo. Entonces Paqui, o como se llame, se puso en pie, como dios no la trajo al mundo, y me enlazó con sus brazos, su cuerpo caliente contra el mío -Priapo a punto de reventar la bragueta-, mientras me susurraba tiernamente al oído: Et mon p’tit cadeau? O sea ¿Mi regalito? Y la cotorra repitiéndolo, despatarrándose y desalándose de risa: Mon petit cadeau, mon petit cadeau, mon petit… El camaleón me miraba sardónico en silencio. Con 200 euros menos en la cartera, corriendo por aquellas avenidas, que parecían Nairobi al amanecer o así, a buscar un taxi, los taxis cogen tarjetas de crédito, en Nairobi no sé pero en Burdeos sí. He llegado al autobús por los pelos y me he hecho el dormido todo lo que he podido durante el viaje. No sabes qué pitorreo. Y lo primero, me he dicho, a donde el boticario del barrio a hacerme el test ése, el del anticuerpo o como se llame ¿Mala cara, yo? La tuya, boticario de las narices, que pareces un camaleón o un cotorra o yo qué sé.

viernes, 4 de agosto de 2017

EL TURISMO MATA LA CIUDAD

Durante unas vacaciones del pasado año fui a hacer turismo a Praga. Hacía años que quería ir pero no lo había hecho hasta ahora. Mi madre me había hablado muy bien hace cuarenta años de aquella ciudad monumental con una gran vida comercial, instrumentos musicales, antigüedades, porcelanas… lógicamente la desilusión fue inmensa, en Praga están los monumentos pero el centro está reducido a tabernas para turistas, tiendas de recuerdos para turistas, espectáculos para turistas y las cadenas comerciales que están en todas las capitales del mundo. Hay que salir de la parte turística de Praga para vivir Praga.

Es evidente que la búsqueda de lucro inmediato con el turismo, atraído mayoritariamente por lo que la historia y la naturaleza dio a la ciudad, y que los taberneros y otros comerciantes buscan con lógica capitalista produce la muerte de la ciudad, sea ésta Praga o Barcelona o Donostia. A ello se añade que también las ciudades turísticas tienen el fenómeno de la creación de centros comerciales que matan el comercio local, que viven el desembarco de las cadenas de las marcas de los grandes grupos del comercio que repiten sus logos e imágenes corporativas en todas las ciudades del mundo y, lógicamente, el incremento de la venta por internet que viene a reducir cada vez más el número de reales consumidores. En resumen, todos los centros de las ciudades turísticas se van convirtiendo en barrios típicos, donde lo más típico -como decía mi madre, por cierto-, son las “cuevas de ladrones”, esto es los establecimientos dedicados a “robar” a los turistas: hostelería de calidad dudosa a precios desmesurados, tiendas de “souvenirs” auténticos “made in china”, espectáculos para el entretenimiento del espectador ocasional, la adecuada prostitución necesaria, algún cambista timador y poco más.

Las ciudades, que sobreviven, huyen de esos centros y se van refugiando en los barrios que los turistas no visitan salvo por error pero hay ciudades que puede que no sobrevivan que se mueran, son las ciudades que siempre han sido turísticas, que su propio éxito las mata, normalmente pequeñas -me vienen inmediatamente imágenes de Lourdes, de Santillana del Mar, de… pero es fácil señalar-.

El capitalismo está matando una parte de la ciudad de Donostia -como ha pasado en otros polos turísticos-, pero nuestros idiotas típicos, que disfrutan haciendo daño con cualquier excusa, enfocan sus ataques -son impotentes contra el capitalismo-, contra el turista que viene a conocer Donostia y que no tiene nada que hacer en este ciclo de los mercados. Es la ciudad, los ciudadanos donostiarras, quien puede optar por el modelo de ciudad que quiere y tomar las medidas políticas para ello pero el “lobby” de taberneros también forma parte de esa ciudadanía y hasta ahora es quien la ha dirigido.




viernes, 23 de diciembre de 2016

EL AÑO DEL DESPOTISMO ILUSTRADO


Algunos han respirado aliviados al acabar el breve año de la capitalidad cultural, se les ha hecho eterno. Esos suspiros de alivio en el Ayuntamiento donostiarra tienen poca trascendencia para la marcha de la ciudad balneario de los diez mil taberneros, las heridas que la capitalidad cultural ha dejado en los agentes culturales se cerrarán, y el Urumea seguirá serpenteando hacia el mar cantábrico, a la orilla izquierda el “marco comparable” esperará a enmarcar la tamborrada infantil, los caldereros, los fuegos artificiales, las regatas de traineras, la feria de Santo Tomás…; a la orilla derecha el otro marco “sin parangón” también con sus conciertos, su jazz, el Zinemaldia…; por ahí al fondo está el estadio futbolero de Anoeta, el ovni de Illunbe, los 35.000 m² de Tabakalera… Al fin y al cabo hay cosas que se quedan y que no desaparecen, quizá se pueda hacer cultura para el pueblo pero con el pueblo ¿Cuándo una gran exposición al aire libre de nuestros escultores vivos actuales? ¿Una antológica de nuestros pintores más reconocidos? ¿Un estreno mundial de alguna ópera que está rondando por ahí? ¿Unos conciertos en los parques de orquestas y orfeones? ¿Danza y teatro en las plazas? Hay tantas ideas y ganas, todas innecesarias para atraer visitantes a las tabernas; los pintxos, las sidrerías y las estrellas michelinas mueven multitudes que se dejan sus negras monedas en abundancia sobre los blancos mandiles de nuestros patriotas gastronómicos y quizá, por mera casualidad, algún IVA en las arcas forales.
Aliviados se nos han quedado los que heredaron la herencia de la capitalidad de la fraternidad pontonera y tuvieron que ponerse de mascarones de proa para recibir tantas puñaladas por la espalda como patadas en sus pudendas partes por de frente. Otros nos hemos quedado como siempre, protestando por los precios de los abonos de temporadas previsibles, protestando por el coste incontrolado de la cultura institucional, protestando por el despilfarro de recursos en balompédicos mausoleos y, sobre todo, protestando por los precios, verdaderos cañonazos, que nuestros imprescindibles taberneros nos pegan, como si fuéramos turistas, por culturizar nuestros paladares en sus figones ya universitarios.


lunes, 25 de julio de 2016

LA MADELEINE 2016 MONT DE MARSAN

COPLILLAS DEL 16

Por las calles de la villa
entre cerveza y pastís
calle abajo, calle arriba.

Bebiéndonos la vida,
unas veces huele a pis
y otras veces es de orina.

Mont de Marsan,¡La caña!
¡Tan lejos de París
Tan cerca de España!

Villa de los tres ríos
Baila ya y no bebas tanto,
Que pierdes los sentíos
o te los vas meando.

Mont de Marsan,¡La caña!
¡Tan lejos de París
Tan cerca de España!

Hagamos una apuesta
y elijamos una Miss
La reina de la fiesta
está haciendo pis.

Mont de Marsan,¡La caña!
¡Tan lejos de París
Tan cerca de España!

Río de tanta cerveza,
río de todo anís
Me río de tanta belleza
Con perfume de pis.

Mont de Marsan,¡La caña!
¡Tan lejos de París
Tan cerca de España!