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miércoles, 9 de marzo de 2016

ESCATOLOGÍA DEL PINTXOPOTE CULTURAL

These are sculptures from the basque sculptor ...
These are sculptures from the basque sculptor Eduardo Chillida. (Photo credit: Wikipedia)

Es cierto que durante cuatro largos años hubo quien se dedicó a mantener estable el nivel sanguíneo en el torrente alcohólico, subvencionar la educación en euskera al Estado francés, imponer el ornato callejero de los cubitos de basura como arte plástica… y cuando se fue, dejó el 2016 entrando a velocidad de AVE en la Estación del Topo.
Bienvenido sea lo que se haga, siempre que sea cultural, sea permanente, temporal o efímero en su esencia. No estoy en contra de performances, montajes, cacofonías, grafitis en viaductos, instalaciones desequilibradas, obsesiones paranoicas escatológicas y demás cosas y cositas que los creadores que han acudido a la desesperada llamada de los actuales responsables van encajando en la agenda. Los agentes culturales también comen y beben por lo que necesitan que se les pague para poder satisfacer sus necesidades vitales.
Puedo entender que una sopa de tortuga filipina se considere una parte de la cultura de una isla misteriosa cuando se presenta en la barra del bar de la vieja Tabacalera vacía que hay que mantener abierta a un coste mensual donostiarra, puedo entenderlo pero no lo entiendo. La cultura que se ingiere, se incorpora a nuestro cuerpo por el metabolismo y deja excrementos y orina como recuerdo personal –que también pueden exponerse como “merda d’artista” pero esto ya se ha hecho-, no me acaba de parecer que sea cultura.
Cada vez que se anuncia sin rubor ni risas que un catedrático de los fogones nos aporta su cultura como uno de los eventos de la capitalidad cultural que nos ha caído encima, dejo de escribir y me voy al retrete para dejar vacío mi intestino y prepararlo a recibir el pintxopote de la ronda semanal en el barrio en que ese día toque, y si no toca, también.


jueves, 3 de marzo de 2016

LA EXIGENCIA DE LA “COMPLIANCE” EN ESPAÑA


Al empresario español le ha caído encima una nueva exigencia que no controla muy bien y se ve bombardeado por una cacofónica algarabía de propuestas de programas y códigos de “compliance” ¿Es un nuevo gasto que favorece el enriquecimiento de los operadores jurídicos en el entorno empresaria, abogados, auditores, notarios, registradores… o una tendencia usamericana que viene para quedarse?
English: Regulatory Compliance Pyramid
English: Regulatory Compliance Pyramid (Photo credit: Wikipedia)
 En esta España nuestra, siguiendo tarde y mal las tendencias internacionales, se ha incorporado en nuestro Código Penal la responsabilidad penal de la empresa como sujeto actuante en el mercado y, por tanto, posible autor de delitos en el mercado, como venían demandando los diversos convenios internacionales contra la corrupción, LO 5/2010 de reforma del Código penal, que se añade a  la responsabilidad penal personal que puedan llegar a tener sus directivos o empleados.
Sin embargo, el catálogo de delitos por los que puede responder una empresa ha sido tasado de forma expresa por el legislador de manera tal que no es posible que una persona jurídica pueda ser responsable de cualquiera de los delitos contenidos en el CP.
El Proyecto de Reforma de Código penal (2013), que se encuentra actualmente paralizado en el debate parlamentario, pretende introducir trascendentes reformas en torno a la responsabilidad penal de las personas jurídicas y en la relevancia que en el marco de la organización empresarial adquieren los programas de compliance ya mencionados en la actual redacción del art. 31bis.2 del  vigente texto que se interpreta como que pudiera ser una posible causa de exención penal su existencia.
Esta interpretación de algunos exégetas de la posibilidad de que los programas de compliance puedan ser considerados como eximentes de la responsabilidad penal de la persona jurídica es lo que está fundamentando todo ese marketing jurídico, cuando aún no se pueden saber  los requisitos y características que la norma penal y la jurisprudencia, inexistente por cierto, puedan  imponer a los programas de compliance y a su aplicación práctica en la empresa. E incluso se agita la profecía de la introducción del nuevo delito de omisión del deber de vigilancia, que castigaría a los administradores o representantes legales de la persona jurídica que hayan omitido la adopción de las medidas de vigilancia y control exigibles.
En resumen: hay ruido en el río, algo de agua lleva. Pero hay que tomar las cosas con sensatez y aplicar el sentido común a este tema, hablarlo con el abogado de confianza de la empresa y preparar conjuntamente los medios personales y materiales para que no nos coja la riada.


Y EL ÚLTIMO QUE APAGUE LA LUZ


Cuando oigo a alguien decir lo de que “yo confío en la justicia” pienso lo primero que es un sinvergüenza y lo segundo que es tonto, aunque casi siempre suele ser que no conoce bastante la justicia o la inexistencia de justicia en el aparato institucional que denominamos Justicia, con jota mayúscula.
A pro-ETA mural in Durango, Biscay
A pro-ETA mural in Durango, Biscay (Photo credit: Wikipedia)
A partir de esa justicia, un político preso ha salido libre después de cumplir una condena que fue imposible de leer sin prejuicios y que, según unos, le han convertido en un preso político. Lógicamente ha salido entre división de opiniones como entró en la cárcel. Y lo primero que ha hecho –se dice-, es “coger el timón” ¿De qué barco?
Hay quien sabe con certeza que “ETA es todo” y hay quien cree que “Todo no es ETA”. A mi edad prefiero no saber ni tener creencias desde fuera y dejar los dogmas a los que están en “todo” que puede que sepan dónde está la línea de demarcación y cuántas ETAs o todos hay en la actualidad. No se discute que el recién liberado es un dirigente principal de todo y que su última imagen publicada es la de quien ha llevado el rumbo de todo desde la política del asesinato y el miedo a la política de hacer política en base de lo que se ha hecho hasta ahora y que el puente de mando actual juzga que no es combustible adecuado para hacer avanzar ese barco.

No me asusta la independencia de Euskadi, como puerto de arribada, aunque me parezca ucrónica y utópica, pero no me gusta nada de nada la tripulación que voluntariamente, sin ser llamada, se ha puesto al mando, desde el último grumete hasta el capitán, coja o no coja el timón. Preferiría que fueran saltando por la borda y que el último apagase la luz.