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lunes, 31 de diciembre de 2012

UNA MAÑANA DE INVIERNO



Los más de 1000 cc. de mi yegua entre mis piernas me arrastran: Zumaia, Getaria, Zarautz, Orio… a mi derecha el río marca las curvas de la ruta, la hierba parece que nace en el sol de este día, último del año, el frío es lo justo que la vida reclama, hay algunas flores en las casas blancas de Aginaga, colores del País Vasco como en un calendario de caja de ahorros, olores a carretera, a fiemo, a campo, apenas ruidos de otros motores como insectos dormidos, los corderos ven pasar mi ritmo mágico envuelto en una melodía de un concierto de Bach, perfectas ondulaciones mecánicas, una pareja de pájaros se cortejan errantes a la salida de Usúrbil sobre el asfalto, les asusto y se alejan en vuelo rasante hacia la vía del tren y la ribera.  Dudo en tomar el aperitivo en Lasarte o en Zubieta… suena el teléfono y paro en la entrada de una fábrica. Mi sobrino favorito llama. Me quito el casco y me canta:
-Ya sé qué podemos hacer con los panfletos malditos: te he envuelto con ellos  unas raciones de angulas para esta noche y una botella de champagne Edouard Massé.
Los más de 1000 cc de la Harley relinchan rítmicamente hacia la noche y sobre su asiento sonríe feliz un abuelo, un abuelo cansado de trabajar todo el año pero que se merece estos días de sol de invierno.


http://www.aslongastherearebirds.com/?tag=j-s-bach
http://articles.philly.com/keyword/johann-sebastian-bach
http://www.jsonline.com/business/tsunami-bike-at-harleydavidson-museum-297bc0l-175708661.html
http://justmp3music.com/Selig_-Wer-An-Jesum-Denkt-BWV-498/k0rVFTCU5eUOywvIrhaTMeKRlDR0rq025Gbklg8tMVPSdtJndjISVBfRqlTjZubkCREzE6wMCw91CAlTEJbQ4hbhcHAKSwsqzYyODYGImbIzcIkJhOU51-U7OPkzczFw86uZsPuEOxhJ2zBomjvZcjBIsitwqJk76fAwCoRVOKuZMhgyM4sKlkWncinr2qvbhLDrccoZ-jg68LDZsqYmO8THhfi5JjlnVzMz8XPLAE0uywqIjAXaps6ips3IZiQc5VdmpGYlwM3ppC1txWZS7efDwyelrQuUdQjxD_JwSXG2AgA=/

sábado, 29 de diciembre de 2012

LA JUBILACIÓN


Cuando ya se tocan los 65 años pero estás haciendo un trabajo satisfactorio en lo personal –la universidad, la abogacía… siguen siendo adictivas-, cuesta plantearse la jubilación. Sin embargo, los nietos, los viajes, el ocio creativo que la jubilación permite también llama a cambiar de actividad.
Por otra parte este mundo globalizado plantea paradojas y obliga a pensar desde la cuna en ese tiempo –lo que yo no he hecho-, ya que jubilarse en España, Francia, Holanda, Vietnam, Reino Unido, Luxemburgo o Marruecos no es lo mismo y los sistemas –donde existen-, parecen todos pensados para quien hace sus aportaciones en el estado donde va a jubilarse.
Ayer  en España el Consejo de Ministros aprobó  un decreto ley que suspende la aplicación de la reforma de 2011 (PSOE)  en lo que se refiere a jubilación anticipada y parcial. De momento, sigue en vigor la ley anterior en este aspecto, aunque el resto de la reforma, sobre todo la parte que amplía gradualmente la edad de jubilación de 65 a 67 años y los años para el cómputo de la pensión de 15 a 25 sí entra en vigor, con un decreto que también se aprobó ayer.
Los artículos suspendidos en la ley de reforma de pensiones que tenían que entrar también en vigor el martes 1 de enero de 2013  establecen la edad mínima de 61 años para las jubilaciones anticipadas forzosas y los 63 para las voluntarias. Por lo que se aplican las condiciones actuales, es decir, como norma general puede acceder a una jubilación anticipada un trabajador con 30 años cotizados que lleve seis meses en el paro.
Ahora hay que esperar tres meses para ver qué se decide sobre el sistema español  en Bruselas o, lo más seguro, en Berlín.

viernes, 28 de diciembre de 2012

EL CHIVATO


Ingmar Bergman relata en su autobiografía “La linterna mágica” un episodio de diarrea simultánea con una novia. Ambos se encontraban en París, en una de esas viviendas viejas y sin retrete, cuando a ella se le descompuso el aparato digestivo –Ingmar fue un crónico desarreglado, quizá por una difícil relación con sus padres desde la más pequeña infancia-, por lo que la pareja vivió unos días de carreras por los pasillos, retorcijones, ruidos y olores que el autor del relato aprovecha para obtener la solidaridad del lector.
El libro me lo regaló una novia que decía que la relación de Bergman con las mujeres le recordaba a la mía. Yo no lo entendí así pero el sórdido episodio de la cagalera parisina se me quedó grabado y cada vez que tengo algún incidente íntimo con mis tripas me acuerdo. También me acuerdo de aquel amigo abogado que descubrió el cáncer que le mató por una repetición de estos trastornos y, no puedo evitarlo, el olor de la muerte se liga en mi imaginación al olor dulce de los excrementos líquidos.
Hoy, sin embargo, controlado el flujo intestinal propio que ha dado origen a este escatológico relato y que me ha impedido acudir al trabajo, me llaman para referirme que el confidente policial ha soltado panfletos injuriosos y amenazantes contra mi cliente, nuestras familias y contra mí. Como sé que es uno de mis lectores más fieles en este blog, no puedo evitar escribir algo, tan inspirado en la materia fecal que estas horas he ido dejando fluir en el retrete como en lo que voy conociendo de su biografía.
Actualmente vinculado a algún elemento de la vasca policía por esos servicios mutuos que chivatos y podridos se prestan en sus modos de vivir, este soplón lleva recibiendo los favores policiales –de los de verde, que no había de colorado-, desde que era mancebo de farmacia y chapero en las riveras del Urumea, junto al Puente de Hierro, cuando empezó a introducirse en la cocaína. Lógicamente ese tejido de relaciones, que inició entonces,  le ha mantenido exento de algunas consecuencias que suelen ser inevitables cuando se burla la ley como medio de vida.  Y además se nos insinúa a sus víctimas que sus hechos son males necesarios por ahora.
No lo acepto y no me lo creo. Un delincuente debe ser apartado de la sociedad por quienes están encargados de ello por muy necesarias que sean sus delaciones para que la policía funcione. Funcionar así no es funcionar, es convertir a la policía, de verde o de rojo o sin uniforme, en una institución delincuente, en la que los podridos medran hasta hacerla un enemigo de la ciudadanía.
Los pasquines de ese gárrulo  no me van a hacer cambiar un ápice de mi línea de vida como es evidente pero ni siquiera sirven para limpiarme el culo hoy.