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lunes, 28 de abril de 2014

SERBIA, UCRANIA, MUERTE Y UCRONÍA


Hace 100 años la muerte tomó impulso serbio para recordarnos que nacimos para morir como individuos y como especie. Los alcohólicos militares -¿Hay militares que no sean alcohólicos?, se preparan en estos mismos instantes para hacer matarse a los ciudadanos ciegos que pueblan el apéndice europeo de Asia. Al fin y al cabo para eso existen los militares, para adelantar la muerte inevitable de sus congéneres con la bendición de los teólogos ateos de todas las religiones -¿Hay teólogos creyentes?- .
No es dulce morir por la patria, ni por los ojos de aquella morena, pero aquellos que seguirán el marcador de bajas desde la barra de la “club house” están invirtiendo nuestros ahorros en incrementar sus fortunas con nuestra muerte, para lo que necesitan intoxicarnos con esas ideologías de las que ellos se ríen: dulce es morir por “ucronia” y por el paraíso de ellos en la tierra, en el que no se entra por el ojo de una aguja como un camello sino por el carnet de socio.
Inevitable es la guerra porque es evitable ¿Están los masters del universo interesados en evitarla? Yo, que soy optimista, digo que no. Que están pensando en una guerra, una más, controlada, pequeña y sin muchos “moros” –que las últimas guerras que han probado tenían demasiado “moro” y los “moros” tienen muy mal perder-. Pero a quienes vamos a morir en su guerra, para los que será nuestra última guerra suya, la muerte se nos adelantará igual, igual que a los millones que hace 100 años fueron morir a una guerra que iba a durar de las vacaciones de agosto a las de navidades.

      
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sábado, 22 de marzo de 2014

ALBANIA BEZALA, COMO EN ALBANIA

A Cultural Revolution Poster promoting Albania...
A Cultural Revolution Poster promoting Albanian-Chinese cooperation. The Caption at the bottom reads, "Long Live the great Union between the Parties of Albania and China!" Despite what the painting may suggest, the leaders only met once in 1956, before the Sino-Albanian alliance. Enver Hoxha. The Khrushchevites. Tirana: 8 Nëntori Publishing House. 1980. pp. 231–234, 240–250. (Photo credit: Wikipedia)
Le conocemos por “6 pies” desde su juventud, cuando su altura y su aire de protagonista de novelitas del Far West le ganaron el apodo. La otra noche, después de la ración de pulpo mensual, comentaba en voz alta:
-En Albania sólo hay cabras y comunistas.
- Fue lo que me dijo un camarada del partido a su vuelta de un viaje a la Albania de la dictadura del Partido del Trabajo de Enver Hoxha. Eran años de transición en España hacia una democracia, muy defectuosa, pero democracia al fin y al cabo -Euskadi sigue transiendo entre pesadillas de un sangriento pasado inmediato y un presente de horizontes limitados-, y en Albania unos años más tarde el comunismo cayó, más por la muerte del supremo camarada que por la muerte de un sistema insostenible que sujetó a aquellas naciones de Europa del Este durante décadas en el pasado siglo.
-En  Gipuzkoa sólo hay cabras y abertzales.
-Temo que dentro de unos años, alguien lo diga. Si yo estoy por aquí, no sé qué cabra seré, ya que no me veo como abertzale. Pero las sensaciones de cada día, con esta ecología empobrecedora sin alternativas que no es la ecología espontánea de los civilizados que han advertido que el desarrollo por el desarrollo es un suicidio, sino que es una especie de contrapeso de la ideología homicida para el prójimo que subyace en esa proclamada mezcolanza de imposiciones identitarias e incluyentes para los inmediatos –o abertzale o exiliado-, y respetuosa con los lejanos sean yihadistas, chavistas o antioccidentales cualesquiera, mezcolanza fascistoide que es aceptada de buena  fe por tantos ciudadanos.
-Todos tenemos derecho a equivocarnos.
- Algunos hemos reconocido nuestros errores de juventud y del pasado no tan joven y hemos perdido perdón, siendo conscientes de que el perdón no resucita a los asesinados ni nos excusa de habernos reído de que en Albania hubiera sólo cabras y comunistas.
Pidió la copa de orujo de costumbre y buscó un pequeño habano que siempre oculta en un bolsillo de su chaqueta.

      
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sábado, 22 de febrero de 2014

HITOS DE LA BIOGRAFIA DE UN DELINCUENTE IV

Line art drawing of a man in a toga.
Line art drawing of a man in a toga. (Photo credit: Wikipedia)
-Pero páguele, hombre. Páguele lo que le debe para que le deje en paz.

Iñigo escuchó aquellas palabras de la Jueza de Instrucción de Guardia en la húmeda habitación del sótano del edificio de los tribunales. La habitación en que se había celebrado, luego su abogado se lo explicó, una vistilla sobre la medida de alejamiento que su abogado había pedido para protegerle de quien aquella tarde le había intentado sacar de la carretera con su coche y que su abogado le había hecho denunciar para que la policía detuviera al otro conductor. Luego todos habían acabado a la noche en aquel recinto laberíntico y sin alma.
Iñigo recibió las palabras de la Jueza como una “hostia”, una “hostia” similar a aquella patada que le pegó en el estómago una vez el bestia de su primo mayor en el caserío porque no quiso seguirle en una aventura peligrosa en el gallinero de la vecina. Iñigo niño se había echado a llorar. Cuarenta años más tarde Iñigo adulto se echó a llorar, ante la Jueza, la Fiscal, la funcionaria de detrás del ordenador, su abogado, la abogada de oficio que asistía al otro… Iñigo lloró.
Iñigo había pagado. Pagó lo que le pidió, después de que sus enviados quemaran el coche de la mujer de Iñigo, pagó para que no volviera a suceder y, al poco le pidió el doble, y volvió a pagar, volvió a pagar después de que le partieran la cara a su hermano. Pagó cuando le pidió más dinero al cabo de unos meses de calma. Y luego le hizo la pintada enfrente del negocio de su hija, y le pagó. También pagó cuando le incendió la puerta de entrada al caserío. Le volvió a prometer, le firmó un finiquito, que ya no le iba a reclamar nada. Las amenazas telefónicas le hicieron pagar varias veces más. Firmaban nuevos finiquitos, contratos. Unas semanas, unos meses, quizá un año sin que apareciera el miedo y el miedo volvía e Iñigo pagaba. Los pasquines en las calles del pueblo con la foto de Iñigo y epítetos sobre sus negocios y pagaba. Los subordinados que le mandaba al negocio de su hijo con pancartas “Paga lo que debes, lapurra” y otra vez pagaba.   Pagó en pesetas, pagó en euros, pagó en cheques, pagó en muebles e inmuebles, pagó, pagó y pagó, mintió a su familia, mintió a sus socios, mintió a sus amigos, mintió a su abogado que sospechaba de aquellas transmisiones y cambió de abogado, mintió a notarios… pero el pánico era parte de él y pagaba, pagaba, hasta que un día se deshizo, tocó su fondo,  y le contó todo a una persona, habló con ella durante horas. Y esa persona, quizá un sacerdote laico de una religión agnóstica,  le ayudó a no volver a pagar, a cortar aquella espiral de miedo y pagos.
Las amenazas se hicieron más físicas, acabó en el suelo pisoteado, las pintadas más sucias, los pasquines más injuriosos, su mujer agredida, sus hijos agredidos. Las denuncias iban a ninguna parte o a juicios de faltas que es lo mismo o peor. Pasaban los meses, los años.  Y todo para oír a una lerda con toga –en realidad no llevaba toga le dijo después su abogado-, o sin toga:
-Pero páguele, hombre. Páguele lo que le debe para que le deje en paz.


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