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martes, 17 de enero de 2017

EL COÑO DE LA BERNARDA


En toda esta perezosa zarzuela donostiarra de fotos y abusos que, para castigo de las víctimas, se representa en locales con vistas a la plaza de la santa Teresa de Calcuta, hay un aspecto que a algunos interesa ¿Ha sido habida la imagen voluntaria del coño de la Bernarda en la entrada y registro que se realizó en los archivos y ordenadores del fotógrafo amigo de tantos amigos y amigas que ahora reniegan del que, hasta hace poco, compartía pupitres y pajas con ellos? Y en todo caso ¿Quién puede reconocer el coño de la Bernarda entre tantos?



martes, 27 de diciembre de 2016

¡MAMÁ, HE NACIDO!

Después de hacer un comentario en Facebook sobre el uso del catalán y del euskera, alguien, desde su orgullo explícito de ser vasco, me ha soltado una frase irónica: ¡Eres más español que Iker Casillas!
La verdad es que ignoraba que Iker Casillas es una referencia de españolidad y no creo que nadie supere a nadie en ser de una nacionalidad o de otra, al fin y al cabo nos nacen, nos dan las circunstancias del yo, y mi circunstancia al nacer fue la nacionalidad española, variante vasca inclusiva, y bastante más francesa que vasca, o sea una nacionalidad española permeable, no me he visto en la necesidad ni en la voluntad de cambiarla. Hay a quien le nacen con la nacionalidad española, variante vasca cabreada, cabreada por ser también española, o que opta más adelante en su trayectoria vital por rechazar la nacionalidad española y adscribirse exclusivamente a la anhelada vasca. Entiendo su frustración por no poder elegir esa nacionalidad en el catálogo existente de nacionalidades pero me parece una opción empobrecedora en todos los aspectos humanos, me gustan más los senegaleses que devienen vascos por ejemplo sin dejar de ser senegaleses -en un viaje en tren, no pude evitar una lágrima cuando un niño, de padres inmigrantes de Senegal, me contó apasionadamente la historia del Rey Sancho el Mayor como ni el más imaginativo de los nacionalistas contemporáneos metido a historiador lo hubiera hecho, es lo que tiene la enseñanza pública vasca tan integradora ella-. Esos ancestros que ahora tenemos en común todos los vascos y que conforman nuestro espíritu nacional son circunstancias que nos han ido conformando a todos, a nuestro respectivo “yo”.
Porque Iker Casillas no nació estando solo en casa -como el protagonista del monólogo del incomparable Gila-, y no tuvo que esperar a que volviera su madre de pedir perejil a la vecina; a Iker, a mi calificador descalificador y a mí nos nacieron en una nacionalidad, luego la hemos ido “decorando” pero tengo la intuición que Iker Casillas es más español que yo.






viernes, 23 de diciembre de 2016

EL AÑO DEL DESPOTISMO ILUSTRADO


Algunos han respirado aliviados al acabar el breve año de la capitalidad cultural, se les ha hecho eterno. Esos suspiros de alivio en el Ayuntamiento donostiarra tienen poca trascendencia para la marcha de la ciudad balneario de los diez mil taberneros, las heridas que la capitalidad cultural ha dejado en los agentes culturales se cerrarán, y el Urumea seguirá serpenteando hacia el mar cantábrico, a la orilla izquierda el “marco comparable” esperará a enmarcar la tamborrada infantil, los caldereros, los fuegos artificiales, las regatas de traineras, la feria de Santo Tomás…; a la orilla derecha el otro marco “sin parangón” también con sus conciertos, su jazz, el Zinemaldia…; por ahí al fondo está el estadio futbolero de Anoeta, el ovni de Illunbe, los 35.000 m² de Tabakalera… Al fin y al cabo hay cosas que se quedan y que no desaparecen, quizá se pueda hacer cultura para el pueblo pero con el pueblo ¿Cuándo una gran exposición al aire libre de nuestros escultores vivos actuales? ¿Una antológica de nuestros pintores más reconocidos? ¿Un estreno mundial de alguna ópera que está rondando por ahí? ¿Unos conciertos en los parques de orquestas y orfeones? ¿Danza y teatro en las plazas? Hay tantas ideas y ganas, todas innecesarias para atraer visitantes a las tabernas; los pintxos, las sidrerías y las estrellas michelinas mueven multitudes que se dejan sus negras monedas en abundancia sobre los blancos mandiles de nuestros patriotas gastronómicos y quizá, por mera casualidad, algún IVA en las arcas forales.
Aliviados se nos han quedado los que heredaron la herencia de la capitalidad de la fraternidad pontonera y tuvieron que ponerse de mascarones de proa para recibir tantas puñaladas por la espalda como patadas en sus pudendas partes por de frente. Otros nos hemos quedado como siempre, protestando por los precios de los abonos de temporadas previsibles, protestando por el coste incontrolado de la cultura institucional, protestando por el despilfarro de recursos en balompédicos mausoleos y, sobre todo, protestando por los precios, verdaderos cañonazos, que nuestros imprescindibles taberneros nos pegan, como si fuéramos turistas, por culturizar nuestros paladares en sus figones ya universitarios.