Buscar este blog

miércoles, 12 de mayo de 2021

Brève rencontre (Still life)

Aristide Labarthe intentaba recordar la letra de “Nini, peau d’chien” la vieja canción de otro Aristide, Aristide Bruant, mientras caminaba por las calles de París, cerca de la Plaza de la Bastilla, provisto de su mascarilla azul, más azul que el cielo gris de la mañana de mayo que le acompañaba.

El hidrogel de la oficina ministerial en la que había pasado la mañana - hay cosas delicadas que no se pueden hacer por vía telemática en la burocracia -, le había dejado la epidermis de las manos suave como la piel de una muchacha parisina, quizá se llamaba Catherine como aquella novia que tuvo un verano de su lejana adolescencia. 


Catherine era la sobrina parisina de un chef reputado de un restaurante de la Côte Basque y pasaba parte de las vacaciones de verano en casa de sus tíos, ocupada en pasear el perro de éstos, ya que el absorbente trabajo del matrimonio les impedía ocuparse del ridículo caniche. El tímido y miope Aristide alternaba el rugby en la playa con sus amigos, lloviera o no, con los cuidados y caricias a Catherine pero ésta encontró un amor más fuerte en París y dejó de pasear por Anglet su blanca epidermis con el rubio vello que Aristide, cuarenta años más tarde, recordaba nostálgicamente, caminando por los adoquines de la margen derecha del Sena en busca de una panadería donde comprar un bocadillo, estando cerrados los bistrós y restaurantes.

Rompiendo los gestos barrera, unas suaves manos perfumadas, un aroma inolvidable del pasado, taparon los ojos de Aristide y una voz femenina preguntó con alegría desbordante:

- ¿Quién soy?

Los veranos de los 80 proyectaron una cascada de imágenes con banda sonora de “Les lacs du Connemara” del incombustible Sardou en el cerebro de Aristide.

- ¡Catherine!

La autora de la sorpresa le soltó una bofetada en la mejilla derecha que le colocó la mascarilla en la oreja izquierda, poniendo en evidencia que era zurda y Catherine era diestra.

- ¡Gilipollas! Soy Amélie.

Aristide intentó excusarse pretextando la mascarilla, pero Amélie iba incrementando su enfado velozmente y, aunque había dejado de practicar el decathlón algunas décadas antes, Amélie seguía estando aparentemente en un estado de forma envidiable y con su envergadura y carácter era capaz de tumbarle delante de la cola de clientes del establecimiento, que asistían encantados a la comedia que los dos les ofrecían espontáneamente rompiendo el tedio.

- Claro, Amélie, mi alumna favorita, la campeona del liceo… ¿Cómo te va?


miércoles, 5 de mayo de 2021

Y GRITABAN LIBERTAD




En la Comunidad de Madrid ha ganado la mandataria de la familia más nocturna y putera de ese conglomerado de intereses familiares que es la mafia financiera y religiosa que usa las siglas PP para atenerse a la legalidad vigente homologada por Europa - la dictadura dejó de ser aceptable cuando se les murió el conserje militar que les cuidaba la finca -. Isabel Díaz Ayuso ha demostrado ser capaz de robarle el marido a Leticia Ortiz sin contrición ni atrición posteriores y de llevar a que le voten los madrileños de Madrid, villa y corte, en bloque, como la inmensa quinta columna salió cara al sol cuando sus tropas aliadas, aliadas del poder de siempre, les liberaron de la libertad.

La desolación es evidente en los ingenuos que esperan que el PSOE haga política, eterna promesa frustrada, y no que sus egoístas dirigentes se dediquen a cuidar su libreta de ahorro, el experimento universitario de Monedero e Iglesias ha causado más efectos secundarios que resultados y Errejón se ha quedado solo en casa rodeado de los hideputa de la prensa señorita, no hay un medio tradicional en España que no haya perdido la independencia y que no ladre a los hambrientos que intentan recoger los frutos que se pudren al pie del árbol de la hacienda heredada, así que solo la canallesca refugiada en la  red nos lame estas heridas.

Volvamos a las bases, al día a día, a arrancar al sistema lo que nos han arrebatado en un pis-pas después de todo lo que nos costó conseguir, a ganarnos la sociedad civil contra los inmensos poderes de los de siempre… los de siempre esperan que hagamos lo que no hizo Sísifo y utilicemos la piedra para aplastarles el cráneo - claro que dan ganas de incendiar las calles -, pero no se puede aplastar el cráneo del medio millón de familias de funcionarios que cobran del aparato del estado y que, teniendo asegurado el plato de cocido madrileño con los impuestos, gritan “libertad” porque hace tiempo que, con tanto pan y circo, amortizaron el “vivan las caenas” que llevan grabado a fuego en su testuz.

¿No hay nada que hacer? Al contrario, está todo por hacer.    

jueves, 29 de abril de 2021

ELOGIO DE LA INFORMÁTICA CON LA EDAD


Me llaman para una encuesta sobre “viejos e informática” o algo así para un trabajo sociológico, la amable encuestadora me hace una serie de preguntas que intento contestar sinceramente y mis respuestas, al parecer, se escapan del esquema prefijado en su cabeza o en la tesis que alguien quería demostrar al realizar este trabajo de campo, verdaderamente de campo en mi caso, porque se puede decir que estoy en el campo, más bien entre pinos y los maizales recién sembrados…

Nací en la primera mitad del siglo XX en una fábrica de motores diésel, una fábrica que empleaba tecnología avanzada para la época, habiendo pasado de la fabricación de motores gasógenos a este tipo de motores para camiones y barcos -mi padre había estado en la casa Bosch en Alemania en los años 30 donde se había formado en la materia -, así que la mecánica, la electrónica, la química aplicada a la fabricación, desde el dibujo industrial de las piezas, los modelos, la fundición, el montaje hasta el banco de pruebas, el embalaje final, la oficina y la contabilidad, eran mi cuarto de los juguetes, donde escuadras, cartabones, tiralíneas, amoniaco, papel químico, bielas, pistones, cigüeñales, bujías, camisas, aceites, baterías, gasóleos, cableados, rodamientos, limas, martillos, llaves, destornilladores, cajas registradoras, calculadoras mecánicas… eran los juguetes que tenía al alcance de mi mano y de mi curiosidad.

Los motores se basaban en principio en los Berliet que se fabricaban en Lyon pero evolucionaron, para los de menor cilindrada, a algún modelo original que vi nacer en la mesa familiar y empezar a evolucionar dibujado con mayonesa en un plato vacío de ensaladilla rusa. 

Quiero pensar que absorber desde la cuna la creatividad, el plagio, el humo, la industria, la fabricación, la mecánica, la reparación y demás componentes de las máquinas que nos rodean, fue un componente esencial de mi relación con la informática.

La informática apareció poco a poco de la mano de IBM y era un espectáculo el asomarse a la Escuela de Informática de Deusto, que estaba pegada a la Comercial de Deusto donde estudiaba, y ver pasar las fichas perforadas por el abierto tubo digestivo de aquel monstruo gris y que siempre pronosticaban la victoria del Athletic de Bilbao en la Copa del Generalísimo.

Las primeras calculadoras electrónicas llegaron cuando aún usaba la mecánica en el Credit Lyonnais para cuadrar el balance de caja diario con sudores colectivos de toda la agencia – no nos podíamos ir a comer sin que cuadrase y aquel horario de 8 a 15 horas producía mucha hambre cuando un céntimo faltaba o sobraba al cierre de caja -, mientras, Carrero Blanco asistía a su última misa retransmitida por télex a toda velocidad, toda velocidad que la cinta perforada podía alcanzar.

Entre la muerte del sapo gallego de cuyo nombre no quiero acordarme y el 23F del insomnio, nos empezaron a llegar las máquinas de escribir eléctricas con memoria, memoria que IBM y Olivetti hicieron crecer hasta parir la impresora y el ordenador de sobremesa en el despacho de abogados, en principio sito junto a Gispert, lo que facilitaba la adquisición de aquellas modernas herramientas. Creo que el primero que tuvimos en Lan o Sunion fue Nokia, sin embargo. Enseguida me puse uno idéntico en mi propia casa e hice un cursillo de programación en la Cámara de Comercio – programé un juez que aplicaba atenuantes y agravantes con criterio exacto para fijar las penas -, así que cuando me llegó un asunto complejo, el caso de los violadores de la costa vasca, pude usar un gestor de base de datos para analizar los delitos y lograr la inocencia de mi defendido que, interrogado por la guardia llamada civil, había confesado varios de ellos cuando las circunstancias de tiempo y lugar de los mismos los hacían imposibles. Volví a usar el mismo procedimiento en el caso del violador sin piernas pero, a pesar de que conseguí su absolución de algunos hechos que no cometió, nadie persiguió a quienes, se podía deducir de mi trabajo, eran autores de otros de los delitos. La Justicia no estaba preparada para la informática.

Por suerte, en mi despacho colectivo, ya Sunion, hubo quien se hizo adicto de la informática y acaparó formalmente este área, lo que me permitió desarrollar discretamente mis capacidades y conocimientos. Esto fue muy útil cuando me divorcié de mis socios definitivamente y tuve que irme llevándome copias físicas importantes de discos duros y copias nada importantes de discos duros, porque de todo hay en las memorias descuidadas de algunos -el fuego, el fuego en una vieja chimeneta es muy útil para borrar contenidos y pistas, no hace falta quemar el edificio de hacienda -.

En estos momentos tengo dos ordenadores portátiles, Dell y Lenovo, que funcionan bien, tengo restos de otros del pasado que guardo, a veces los tengo que usar para suplir a los titulares en averías y carencias, y estoy en demasiadas redes sociales, aportando contenidos.

Volviendo al principio, la informática es mecánica, en realidad no es más que un juego de válvulas de pequeños motores electrónicos, hasta mi bisabuelo hubiera podido usarla.