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miércoles, 21 de octubre de 2015

CUANDO EL CLIENTE DESPEDIDO LLEGA EL DÍA 21º AL DESPACHO



Camellia japonica 'Alba Plena'. Real Jardín Bo...
Camellia japonica 'Alba Plena'. Real Jardín Botánico, Madrid. (Photo credit: Wikipedia)
Si llega con tiempo antes de las 15 horas, hay una sentencia para unificación de doctrina TS, Sala Cuarta, de lo Social, de 26 de mayo de 2015 que ha recogido SEPIN que da eficacia plena a la presentación de la papeleta de conciliación ese día.     

El plazo de caducidad previsto en el artículo 59.3 ET para el ejercicio de la acción de despido queda gráficamente "congelado" durante la sustanciación de la conciliación, esto es, desde el día en que se interpone la papeleta de conciliación hasta aquél en que se lleva a cabo la misma. Por tanto, teniendo cuenta esa naturaleza de la conciliación, en absoluto desvinculada del proceso, no hay motivo para la no aplicación del artículo 135.1 de la LEC y, por el contrario, cabe en consecuencia entender que si la conciliación no ha "consumido" ningún día del plazo de caducidad, deberá hacerse un paréntesis con ese tiempo, de manera que cuando el día 20 es el inmediatamente anterior a la demanda de conciliación, ésta podría interponerse -como podría haberse hecho con la demanda por despido- hasta las 15 horas del día siguiente a la finalización de tal plazo, esto es, hasta las quince horas del día número 21 y, el acto de conciliación celebrado sin avenencia,  se puede interponer la demanda ante la Jurisdicción en ese mismo día de su celebración que vuelve a ser el día 21.

Aunque mi consejo es presentar simultáneamente la demanda de despido con el defecto subsanable de no haberse celebrado el acto de conciliación y la papeleta de conciliación, así cuando se dé traslado al actor despedido para subsanar se podrá alegar la interposición de la papeleta con sus efectos interruptivos en caso de que no se haya celebrado aun el acto de conciliación. 

EL CONCURSO DE ACREEDORES DE KONDIA

Deba river
Deba river (Photo credit: Wikipedia)
Regreso de viaje y me encuentro con que una empresa de Elgoibar, de ésas de toda la vida, en estos momentos de últimos coletazos de la crisis financiera ha solicitado concurso de acreedores. Aunque esto no tiene por qué significar el cierre definitivo, sí es un mazazo que preocupa en el sector puntero de la industria guipuzcoana, la máquina-herramienta, donde la firma tiene un importante protagonismo.
La noticia alude repetidamente al nombramiento por el Juzgado de lo Mercantil de un "administrador concursal" y al importante papel que éste va a jugar en el futuro de la firma. No es importante, el administrador concursal es esencial.
Si el nombramiento recae en una persona que sea un buitre que solo tiene por objetivo comer cadaverina, como la experiencia lo demuestra, van a ser prácticamente inútiles los esfuerzos de quienes deseen una especie de continuidad del proyecto y una salvación de algunos puestos de trabajo. Más si el nombrado es un foráneo que sólo aparezca por fábrica a cumplir los trámites rutinarios de un proceso de liquidación que le permita asegurarse sus honorarios.
Hoy por hoy la pelota está en manos del Juez ¿En manos de quién estará mañana?

miércoles, 14 de octubre de 2015

EL DIABLO

English: A woodcarving of Belial and some of h...
English: A woodcarving of Belial and some of his followers from Jacobus de Teramo's book Buch Belial (1473) (Photo credit: Wikipedia)
Nos encontramos en un decorado que representa un bar de copas. Hay un camarero detrás de una barra, puede que sea un ser vivo puede que sea un humanoide autómata. No hay otro cliente más que el abogado, mal sentado sobre un taburete, un gin tónic acaba de ser servido sobre la barra. Hay música ambiente, quizá una samba en versión un poco jazzy. Sobre la música se oye la voz del letrado que parece hablar a la copa.
CRISTOBAL: La primera vez que vi al diablo lo vi encarnado en un jesuita que fumaba cigarrillos egipcios y bebía whisky Dimple a las 8,30 de la mañana en la Comercial de Bilbao. Mefistofélico –no sé cuál de los infinitos nombres del maligno era el suyo pero el adjetivo le encajaba-, me hizo todo el mal que pudo en unos minutos hace unos 45 años y así el mundo se perdió un economista pero el diablo y la carne se ganaron un abogado.
En todo este tiempo he vuelto a ver al diablo, unas veces se me ha aparecido como un mestizo del Naranjito y del Sr. Patata en medio de un parque de atracciones para llamar mi atención sobre una mamá morena que “mono parentalmente” cuidaba a su niña mientras yo cuidaba al último de mis retoños, para luego hacerme la faena de provocarme mi primer gatillazo en aquel adúltero lecho al que la “resistible” tentación me había llevado…
Otras veces he visto al diablo, no sé si sería el mismo diablo u otro, con todos los atributos del diablo, unos cuernos rojos enormes, más de ciervo que de cabra, unos ojos de fuego, una máscara dorada brillante, un cuerpo musculoso asomando debajo de una armadura de oro también y la cola del diablo acabada en una punta de flecha que señalaba hacia el dinero fácil, la cooperación necesaria  con el delincuente de cuello blanco y corbata de seda, el paraíso fiscal a la vuelta de la esquina de un banco inglés junto a un lago suizo, mientras me mostraba el más bello paisaje alpino con las cumbres blancas como la más pura cocaína. Y caí en aquella tentación para luego vomitar sangre por los palcos de los mejores estadios de fútbol del planeta mientras mis clientes me ponían los cuernos sí los cuernos, con otros abogados más jóvenes y menos escrupulosos que yo, todavía.
El diablo con toga y puñetas no sé si es Satán, Satanás, Lucifer, Luzbel, Belcebú, Mefistófeles, Belial, Samael, Mara o Pedro Botero… pero existe, lo he visto con mis ojos. Es un funcionario implacable, hecho de soberbia y egolatría, que busca dejarte marcado con su garra de la justicia pero que odia la justicia, que tiene todos los sexos bajo su toga negra, ropaje que le da todo el poder y que lo hace invisible, que se pregunta cada mañana ¿Quién como dios? Y se responde firmando resoluciones de vida y de muerte…
Guárdame la copa, me voy a echar un pitillo.